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La fuerza del valor

Autor: Valentina Macías de Mejía

El valor es: “Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo; fe, voluntad para hacer algo o realizar un cambio en la vida. La palabra coraje derivada de “cor”, corazón en latín y éste del griego Kardiá; tener coraje es sinónimo de tener valor, sobreponiéndose al miedo, echando el corazón por delante a través del camino de la vida. Valor para hacer algo: hay que tener mucho coraje para emprender ese viaje” Paulo Coelho.

El valor también es: Valentía, arrojo, ímpetu, audacia, intrepidez. Todos alguna vez, hemos tenido que apoyarnos en él para superar dificultades en la vida, para lograr vencerlas, para alcanzar metas, para evitar desgracias, para sobrellevar pruebas; en fin, para infinidad de situaciones que ocurren en el diario vivir y para las cuales ha sido necesario un revestimiento de fortaleza, de valentía. Cuando falta el valor, nos derrumbamos, nos sentimos impotentes, acabados, acobardados, infelices. Por eso, la trascendencia inmensa que tiene una buena crianza, una enseñanza de valores, una vida educativa que deje en los hijos ejemplos altruistas que los llenen de virtudes y entre ellas, está en un sitio bien importante, el valor. No se debe educar en base a temores, a inseguridades, a dudas, a miedos; no; la formación de niños y adolescentes, debería fundamentarse en bases sólidas en las que prime el valor; teniendo en cuenta en este caso, a cuál valor nos referimos: a ése que es fortaleza, que es seguridad, que es osadía. Ese es el que les va a ayudar a defenderse de alguna manera, cuando se encuentren en peligro.

El valor y la decisión, inyectan una fuerza poderosa, un impulso misterioso que lleva a quien lo tenga, a realizar acciones asombrosas; actos que jamás pensaron poder ejecutar. Son sucesos en los que mucha gente se pregunta: ¿Y cómo fui capaz de hacer esto? ¿En qué momento lo hice? ¿Qué pasó realmente? Hace algún tiempo, tuvimos un ejemplo enorme de valor: Un guarda bachiller de la policía, se lanzó a un caño en Bogotá, para ayudar a una mujer que se estaba ahogando. Logró sacarla, salvarla y lo más admirable de esta historia, es que este joven no sabía nadar. La misteriosa fuerza de su valor, lo impulsó, lo ayudó y le hizo sacar el coraje necesario para salvar una vida y salvarse él. Gracias a ese esfuerzo, a esa osadía, a ese acto heroico, ha sido premiado con una casa para él y su familia: sus padres y ocho hermanos, a los que sostiene con su pequeño sueldo. ¡Qué gran ejemplo! Con él tenemos una anécdota increíble y que encierra muchas enseñanzas: primó en este joven, más que el miedo a ahogarse, el deseo de salvar una vida; primó su convencimiento de cuánto representa una existencia humana y cuánto debemos hacer para protegerla, para salvarla. Ojalá que este bello ejemplo, le llegue a infinidad de jóvenes para que alimenten día a día, las acciones buenas; todas aquellas que tienen que ver con el bienestar de los demás; con el amor y sobretodo, con la vida; ese don precioso que Dios nos dio y que hoy vale tan poco y se pierde tan fácilmente. “

valentinamacias40@hotmail.com




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