Opinión / Septiembre 06 de 2009 / Comentarios

La inquietud por la filosofía

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Carlos Arturo Serna Jaramillo


¿La filosofía es de utilidad a los propósitos y fines colectivos? ¿De qué modo servirse de ella y qué papel asignarle respecto a las inquietudes humanas y a las necesidades personales? Si la filosofía ha de servir de algo, debe serlo en razón al análisis de los problemas que exigen soluciones urgentes y prácticas. El reclamo por su utilidad obedece a que puede contribuir al mejoramiento de lo social en términos de los más nobles ideales. Es decir, la filosofía no es indiferente a nada de lo que atañe con las inquietudes del hombre.

En tal sentido es importante contar con capacidad mental para enfrentar cuestiones relacionadas con la forma de vivir la vida, superar obstáculos y adversidades, y tener la oportunidad de ser participe de una sociedad democrática, incluyente y solidaria. Tal ha sido la pretensión de la filosofía, procediendo con conocimiento de causa, aportando razones de por qué de las cosas y las razones de su existencia, y cuáles son las motivaciones para que actuemos en distintas circunstancias de un modo determinado y no de otro.

Descartes lo planteó con claridad al concebir el grado de civilidad de una sociedad por el nivel de razonamiento que alcanza en ella su gente. Una sociedad con mayor disposición a la reflexión crítica y al manejo de argumentos racionales, encuentra la mejor condición para resolver sus asuntos y orientar, a su vez, de manera exitosa, su propio desarrollo.
Los primeros filósofos fueron paradigmáticos en lo que iría a ser el pensamiento de la posteridad. Crearon los conceptos de ciencia, política, lógica y ética en un ejercicio de razonamiento sin parangón. Les inquietó, por sobre todo, la pregunta por la vida, por la forma de vivirla, que se convirtió para ellos en una búsqueda incesante por llegar a comprender el modo en que el ser es consciente de su existencia con todo lo inquietante y sobrecogedor que pueda contener, asimismo respecto a los ideales con los cuales se ha de encontrar la felicidad y la placidez de vivir.

La filosofía está enraizada, pues, en los asuntos vitales, sociales y culturales, de modo bien significativo. ¿Qué es de la vida que no genera hondas preocupaciones, cómo para que no se planteen preguntas relacionadas con el sentido de la existencia? ¿Qué es de la vida si no se tiene un fin para vivirla? Si no encontramos motivación alguna que sirva de promesa a la voluntad del hombre en la búsqueda de su propia realización, ¿dónde encontrar las razones por las cuales uno actúa del modo cómo lo hace? En filosofía es evidente las preguntas por la existencia, y el sentido del vivir y el hacer.

La filosofía es además una actividad capaz de dilucidar problemas que tienen que ver con la argumentación, para justificar o no creencias y opiniones y todo aquello que limite el libre desarrollo del ser en general. Así entendida, la filosofía es un quehacer renovador y progresista que se compromete con los más caros anhelos del hombre. Porque la creatividad, la avidez de conocimiento y el deseo de libertad son constitutivos de la condición humana. Mientras subsistan inquietudes y búsquedas de un futuro mejor, y el hombre se procure una vida más satisfactoria, entonces la filosofía será de mucha utilidad.

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