Opinión / Agosto 12 de 2017 / Comentarios

La Islandia de Valter y Halldora

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Umberto Senegal

El libro es desgarradura profunda que escinde el alma y la carne desde la primera página. Crece, capítulo tras capítulo, sin posibilidad de cicatrización. Irrefrenable hilo de sangre extendiéndose hasta volverse río.


Soledades y reflexiones de Halldora, la niña que pierde a su hermana gemela y carga con su muerte a lo largo de la novela. Tal vez la difunta es quien carga con la dilatada agonía sicológica de la protagonista. Torrente de sangre y melancolía sobre solitarias tierras de Islandia. Telúrica tristeza de paisajes desolados donde su autor no necesita atiborrarnos de extraños nombres para configurar, con poética prosa, retratos melancólicos y crueles de específicas regiones en los fiordos por donde emergen la soledad y el desamparo, la ignorancia, el miedo y  la muerte. Siempre inexplicados, causando dolor en la cotidianidad de los personajes. Mosaico de tonos narrativos grises. Todos los grises del blanco al negro. Grises emociones. Sentimientos y grises esperanzas en una novela que no condesciende con la alegría. La niña, su hermana muerta y luego su indeseable hijo, muerto también. Entre el desolado y bello paisaje que muere y renace, sufren Halldora, la niña; Sigridur, su hermana muerta; Heinar, quien la embaraza a temprana edad. Heinar el estúpido, el primitivo, el inocente; el padre de Halldora, dueño de unos pocos libros y escritor de anónimos poemas que introduce entre los libros, platicando a solas con versos de los cuales se aflige. Islandia es el lugar del mundo con mayor número de escritores. Halldora filosofa y hace poesía a partir de cualquier situación familiar. Desde cualquier objeto, busca la belleza para que la deshumanización no sea tan despiadada con los seres humanos. Para no despeñarse en sus abismos interiores o en los naturales de la fragosa región. Descripción desolada y triste del medio donde sobreviven esta familia y el pequeño grupo que la rodea, sin plácidos destinos para sus personajes. Presente abrumado de seres humanos en cuyo interior tañe lo feroz del paisaje islandés. Su autor lo reconoce: “Este libro es una declaración de amor extraña, pero es la más sincera declaración de amor a los fiordos del oeste islandés”. Con su gráfica prosa, uno deambula por esos lugares topográficos y humanos sin zonas para la esperanza.  La deshumanización total para que el paisaje se exprese con toda majestuosidad. En el Quindío, Bibiana Bernal fue la primera en estremecerse con tal novela y compartirla, en la pulida traducción que del portugués hizo el poeta antioqueño Carlos Ciro, plasmando riguroso la sintaxis, forma, estilo y pensamiento poético de Valter Hugo Mae. La he prestado a varias mujeres y a ningún hombre. Junto con Lejos de Roma, de Pablo Montoya, otra de las sobresalientes novelas que he leído este año.

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