Opinión / Enero 28 de 2013 / Comentarios

Las réplicas del terremoto

Gonzalo Alberto Valencia Barrera


El pasado 25 de enero se cumplieron 14 años de la ocurrencia del sismo que afectó a la zona cafetera, en particular a Armenia y a todos los municipios quindianos. La oportuna declaratoria de la emergencia invocada por gobierno del Presidente Pastrana permitió la creación del FOREC (Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero) con la finalidad de financiar y realizar la rehabilitación del área de desastre. Este proceso de reconstrucción fue factible gracias al recaudo del impuesto del 2Xmil a las transacciones financieras, creado por la Ley del Plan Nacional de Desarrollo de 1999 - 2002. De elemental cortesía brindarle el agradecimiento al Presidente Pastrana, quien fue el principal aliado que tuvo la región para superar tan difícil crisis.

Además de la reconstrucción física de la infraestructura y de la vivienda y de las acciones para recomponer el tejido social, se contempló la reactivación económica. La Ley Quimbaya, que brindaba beneficios tributarios, no tuvo una amplia utilización. Desafortunadamente no se dieron los resultados esperados en generación de empleo, en materia de inversión y en creación de empresas, por lo que el proceso integral de la reconstrucción quedó truncado.

Desde entonces se han venido sucediendo réplicas que están llevando al Quindío y a Armenia a sumirse en una mayor crisis. El declive de la caficultura se ha reflejado en una menor área dedicada al café y, por consiguiente un desplazamiento de mano de obra, una menor producción y una recesión por la no generación de ingresos.

La mayor población residente en el departamento, en parte engrosada por ese grupo de personas que llegó en busca de las oportunidades que se ofrecieron a los damnificados por el desastre telúrico, está desalineada con el real potencial de la economía quindiana. De ahí las manifestaciones de la informalidad, alimentadas por el subempleo y el desempleo.
La descomposición social se ha tornado crítica, y hoy día sus manifestaciones son diversas. La pérdida de valores, el comportamiento no ético, el enriquecimiento fácil, el acceso a las adicciones, la sexualidad poco responsable, la violencia intrafamiliar y escolar y la corrupción son apenas algunos ejemplos. Las acciones de prevención, control y represión son inocuas y no se vislumbra una solución de choque.

Se argumenta que el gobierno tiene en sus manos el remedio para aminorar la crisis, o al menos paliarla. No es tan sencillo, pero indudablemente que puede liderarla e, incluso ayudar a la consecución de los recursos.
Si nuestros gobernantes no acuden a la bondad de la sinergia para potenciar los esfuerzos, estaremos perdiendo el cuatrienio de sus mandatos. Pero también es posible que la población misma decida autorreplicarse y provocar un sismo de incalculables dimensiones, algo así como un sunami social, para lo cual no tenemos planes de contingencia ni de atención ni de rescate. Dios nos libre de semejante terremoto.

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