Editorial / Febrero 17 de 2017 / Comentarios

Lista cerrada, lo rescatable de la propuesta de reforma política

Sería importante volver a la figura del designado a la presidencia de la República.

Los puntos que se van a discutir de la reforma política que el gobierno quiere presentar al Congreso de la República aprovechando la vía rápida de aprobación, tras el acuerdo con las Farc, ya habían sido objeto de las miradas de los partidos y los expertos, y habían sido archivados.

El primero de ellos, y tal vez el más importante, el que verdaderamente vale la pena, es la lista única cerrada que deberán presentar los partidos políticos para aspirar a las curules de todas las corporaciones públicas. Importante, decimos, porque el llamado voto preferente en las listas de aspirantes prostituyó no solo esas nóminas, sino también los partidos y la política en general. Eso generó muchas cosas malas en la política, como el festival de avales, la compra de puestos en esas listas, la financiación individual de cada campaña por parte de cada uno de los componentes de la misma, generando desequilibrio, inequidad y peleas internas que se volvieron irreconciliables. En esas listas gana el que más plata consiga, aquel patrocinado por alcalde, gobernador o ministro de turno, o por el narcotraficante de la región, o por el comprador de los contratos del Estado.

La lista única o cerrada podría salirle al paso a muchos de estos fenómenos de corrupción, y le daría, por fin, carácter de organización a los partidos. Hace una década lo hizo el Polo Democrático, cuando nació a la vida política colombiana, pero su división interna los llevó a copiar el esquema de  voto preferente de los partidos tradicionales. También el Centro Democrático, cuando nació como partido hace 4 años, lo hizo, y no le ha ido mal, tanto así que este es uno de los partidos que, a pesar de sus fallas y su recién existencia, goza de algún tipo de organización.

Con esta lista cerrada la financiación de la campaña por parte del Estado sería más sencilla, porque se le entrega al partido el dinero por sus votos y, este, puede trabajar en todo el país con una coherencia absoluta. La gran polémica se haría dentro del partido, en sus convenciones o consultas populares para integrar las listas, y no en el festival de avales comprados y sujetos a extorsiones políticas. Pero no todo es buenos, pues esas listas cerradas se compondrían por la cantidad de votos que pongan los varones electorales en cada departamento y, con este sistema, quedarían por fuera los pequeños territorios como el Quindío, en lo que se refiere a Senado de la República. Tendría que aprobarse, como está planteado, una circunscripción regional para esa corporación.

Nos parece importante volver a la figura del designado a la presidencia de la República, pues la del vicepresidente, está probado, solo sirve para politiquear. El designado fue una figura prudente, que solo salió a la luz política cuando faltó parcialmente el presidente de la República, que antes de la Constitución de 1991 fue muy pocas veces.
Nos parece absolutamente populista y negativo aquello de bajar la edad del derecho al voto a los 16 años. Eso es un absurdo, y especialmente hoy cuando los muchachos están alejados de la política y desconocen su mecánica en un país corrupto. Con esta propuesta y la del voto obligatorio no se acaba la corrupción en los procesos electorales, señores, por el contrario, se aumenta, pues habrá mucha más gente para comprar o, por lo menos, dispuesta a vender el voto, y lo único que haría era abaratarlo, por el crecimiento de la oferta. Además, como principio, esto del voto obligatorio sería una limitación a las libertades. Hoy, la mitad de los ciudadanos en Colombia no votan, esa es una decisión que se debe respetar.

Ampliar el período a 5 años para el presidente y para las corporaciones públicas tiene muchas aristas, que implicaría, de tajo, otras reformas constitucionales, pues muchas cosas de la vida institucional están amarradas en la Carta Magna al período de cuatro años. 

Sí, hay que aprovechar la vía rápida en el Congreso, que se realiza por los acuerdos de paz, donde se aprobará el estatuto a la oposición y la vida política a los guerrilleros, para realizar otras reformas, para tienen que ser muy bien pensadas, no vaya a ser que después nos arrepintamos porque el remedio resulta peor que la enfermedad.

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