Sabado, 18 Ago,2018

Opinión / DIC 23 2017

Los alocados IG nobel

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Si una de mis complacencias literarias es conocer detalles biográficos de quien gana el premio Nobel de literatura, la parodia conocida como Premios Ig Nobel es la que me causa impresiones de dispareja índole, desde el exquisito humor hasta la insólita complacencia intelectual, por sus componentes surrealistas.

Con seriedad académica, sus ganadores cualifican, cuantifican y concluyen detalles del mundo, en apariencia sin significación. En literatura, lo han ganado trabajos como el artículo de investigación médica que tiene 100 veces más autores que páginas. Los editores de Social Text, publicando una investigación que ellos no comprendían, cuyo autor afirmaba que carecía de significado, defendiendo la tesis de la inexistencia de la realidad. Lee Kuan Yew, ganó con su estudio sobre los efectos de castigar a tres millones de ciudadanos cada vez que escupían, mascaban chicle o daban de comer a las palomas. ​A Watanabe, de la Universidad de Keio, le premiaron por sus éxitos en el entrenamiento de palomas capaces de diferenciar entre pinturas de Picasso y de Monet. En Biología, a un equipo del Hospital Universitario de Zúrich, por medir desiguales patrones de ondas cerebrales en individuos masticando chicles de diferentes sabores. En meteorología, a Vonnegut por su informe: El desplumamiento de pollos como medida de velocidad del viento durante un tornado. En​ astrofísica, a los doctores Jack y Van Impe por descubrir que los agujeros negros cumplen requisitos técnicos para ser la localización del infierno. ​De la paz, a Rind y Simmons de la Universidad de Newcastle, por vigilar la actividad de una célula de cerebro en una langosta, mientras dicho animal miraba toques de luz seleccionados de la película Star Wars.​ En lingüística, al colombiano Juan Manuel Toro y los españoles Trobalon y Gallés, por demostrar que las ratas no distinguen entre el japonés y el neerlandés cuando las grabaciones de personas hablando dichas lenguas se ejecutan al revés. En literatura, a David Sims por su estudio Hijo de puta: exploración narrativa de la experiencia de la indignación dentro de las organizaciones. A Gomes de Mello y José Carlos Marcelino, por descubrir hasta qué punto los armadillos desordenan restos en excavaciones arqueológicas. Millar, Tyber y Jordan, por descubrir que las ganancias de una bailarina de striptease dependen de su ciclo menstrual. En biología a Gwynne y Rentz, al revelar que determinada clase de escarabajos se aparean con ciertos tipos de botellas de cerveza australiana. ​En literatura, a la Oficina General de Contabilidad del Gobierno de EE.UU, por publicar un informe acerca de informes que recomiendan la preparación de un informe. Y en psicología, un trabajo revelando que quienes padecen insomnio o se acuestan tarde, son más manipuladores y psicópatas que quienes se acuestan temprano. Los Ig Nobel se otorgan desde 1991. Dejé por fuera los premios más absurdos.

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