Domingo, 17 Dic,2017

Opinión / DIC 07 2017/ Comentarios

Los errores de las Farc

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Juan Carlos Murcia

"... la clase política dirigente colombiana se empeña en mantener pulsados los detonantes de todas nuestras guerras."

Errores que se tradujeron a crímenes, en una guerra tan aciaga y prolongada como la nuestra. Crímenes perpetrados también por agentes y detentadores del poder del Estado, incluso mucho antes de que en el país emergieran las primeras guerrillas. Hablo de secuestros y asesinatos, de masacres y desapariciones, de desplazamientos y torturas, de narcotráfico y lavado de activos, y si omito sumar a los anteriores la extorsión y el reclutamiento forzado, lo hago porque no creo que delinquir sea la finalidad del régimen tributario y del servicio militar obligatorio, aunque por momentos surjan dudas.

Solo el más puro y duro cinismo le impide reconocer a un grupo de sinvergüenzas el hecho de que el Estado colombiano perpetró la Masacre de las Bananeras, que convino el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, que aupó La Violencia, que fundó chulavitas y paramilitares, que convirtió en infierno la toma del Palacio de Justicia, que determinó el genocidio contra la Unión Patriótica, que fabricó falsos positivos judiciales y militares, que persiguió periodistas y opositores, etcétera. No sé a Usted, pero a mí me hubiera gustado ver a muchos otros actores del conflicto armado en Colombia expresar, como hasta ahora lo han hecho las Farc frente a sus víctimas, el Perdón y el ¡Nunca más! imprescindibles en la búsqueda de una Paz ni estable ni duradera, sino verdadera. Fueron muchos políticos, empresarios, industriales, trasportadores, ganaderos y banqueros los que participaron decididamente en el conflicto armado. Son muchas las verdades que se mantienen ocultas en la penumbra de la impunidad.

Y es tanta la sangre y tantas las muertes y tan profundo el dolor, que resultan oprobiosos, por decir lo menos, los lineamientos que la Corte Constitucional estableció para el funcionamiento de la JEP. Ni qué decir del tratamiento que luego le dieron los “honorables” en el Congreso de la República. No requiero posar de analista ni matricularme en la escuela del pesimismo social para concluir que la clase política dirigente colombiana se empeña en mantener pulsados los detonantes de todas nuestras guerras; que el sesgo de clase, la interpretación amañada de la Ley y la hegemonía del más fuerte, seguirán determinando el derrotero histórico de nuestros acontecimientos. Entretanto, los otros conflictos: el económico, el político y el social, se profundizan cada día con mayor fuerza en los 32 departamentos del país. Para nadie es secreto que la economía nacional no se ha venido a pique gracias a la rotación y flujo de capitales derivados del negocio del narcotráfico; que, pese a ello, se desacelera al ritmo que avanzan la deuda pública, la corrupción y el clientelismo. Lo que pasa en el Quindío, por ejemplo, así lo prueba. Y entonces, ¿hacia dónde vamos? Si Usted lo sabe dígamelo, porque yo no tengo idea. 


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