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Los frutos de la vida

Autor: Ángela María Alzate Manjarrés

La vida es un constante ejercicio de siembra y cosecha.
Con todas nuestras palabras y acciones estamos esparciendo semillas, que van a parar a todos los sitios imaginables: Almas, pensamientos, vidas…

La existencia puede evaluarse de una manera concreta, en los frutos que de ella recogemos.

Hay quienes invierten su siembra en la acumulación de capital, luego, los frutos son riqueza, prosperidad económica, bienes terrenales y de algún modo bienestar. Es un camino, es una manera.

Otros, trabajan por sembrar y cosechar poder. Dedican su existencia a escalar posiciones, ostentar cargos de importancia, incidir en el destino de los pueblos y tomar decisiones importantes. Miden su éxito en la cantidad de escalones que logran ascender en la interminable escalera del poder y alcanzan la dicha cuando logran escalar altas cumbres, generalmente en la política o en el ámbito empresarial. Tiene total validez, es otro camino, también es una manera.

Hay quienes se dedican a sembrar popularidad y fama, tenemos en este grupo a artistas, actores, cantantes, que miden sus logros por la cantidad de personas que los admiran, por los sitios donde aparece su foto o su nombre, por la cantidad de autógrafos y el reconocimiento que reciben. Es otro camino, es una manera.

Algunos se concentran en el desarrollo intelectual. Trabajan por conocer cada vez más, el saber es su norte y su destino. Se sienten realizados cuando conquistan el respeto y reconocimiento de alguna comunidad científica, cuando logran trabajar en una universidad de prestigio, publicar varios libros o ganar un premio relevante. Es otro camino, también es una manera.
Algunas almas nobles y generosas toman un sendero diferente, con menos reflectores y tal vez, con pocos alicientes representativos.

Deciden simplemente sembrar amor de manera incondicional y constante. Entregan su propia existencia para que otros capullos broten en el jardín insondable de la vida. Se trata de las madres.

Entregan lo que son, sin reservar nada, donan su cuerpo para que otro ser se forme dentro de él, entregan su sueño tranquilo, su tiempo, su privacidad y en muchos casos, incluso sus propios anhelos.

Pasan días y noches cuidando a alguien, llenándolo de caricias y besos. Ponen su fuerza para orientar pasos temerosos primero, arriesgados después… Cuidan, escuchan, aconsejan, consienten, consuelan, curan, escuchan… Lo dan todo de sí mismas.

Es difícil determinar de qué manera miden su éxito. Podría decirse que tal vez este puede tasarse en la cantidad de amor que logran sembrar en el alma de sus hijos, para que luego ellos amen a los demás y sean agentes de convivencia y solidaridad. Tal vez, se refleje en el bienestar de aquellos por los que todo lo entregan, en un hogar estable y tranquilo o simplemente, en la mirada de ternura y gratitud de sus hijos, que aunque no logren dimensionar la magnitud de la entrega, saben que no existe un ser más valioso e insustituible que su mamá.

Son los frutos de la vida: Elementales… Sonrisas de dulzura, dibujos infantiles, manos pequeñas acariciando el rostro, palabras de amor, miradas de confianza, abrazos llenos de sentido. Quizás parezcan humildes logros después de tantas renuncias y sacrificios. Para algunos, quizás, sea un tesoro. (Para María Inés Manjarrés Campos, en su día, como un fruto más)

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Por: juanlunados - Febrero 06 de 2012 .
ES UN POEMA, CON METRICA EN EL ALMA, MEDIDA EN EL CORAZON Y SONORIDAD EN EL TODO EL SER. POR LO MISMO, SU AUTORA ES UN POEMA, DE CUYOS VERSOS SOMOS SUS AMIGOS MERECIDOS DEPOSITARIOS.

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