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Macroterrorismo

Autor: Francisco Javier López Zuloaga

Proverbio árabe “Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”

Hemos pasado del terrorismo islámico utilizando dos aviones secuestrados que provocaron 6000 muertos en esa fatídico 11 de septiembre del 2001, en las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York y un tercero contra el edificio del Pentágono en Washington. Luego vino la réplica de la venganza punitiva, los ataques a Afganistán e Irak. Era algo distinto a la lucha de clases sociales y económicas que pregona el marxismo. Tampoco era la agresión del Norte contra el Sur, pero era el advenimiento en el escenario de la historia de un argumento de raíz religiosa.

El multimillonario wahhabi, Osama bin Landen, afirmó con su fanatismo desdeñoso que el autor del castigo era Alá. En su obsesión, el mundo se dividía entre creyentes e infieles. Sus metáforas políticas derramaban amarguras tóxicas. “Cuando la espada cayó contra América”, atiborrado de prejuicios, recordó la derrota rusa en Afganistán “Si Rusia puede ser destruida, América puede ser decapitada”.

El terrorismo tiene un gran desprecio por la vida humana y los componentes significativos de la vida política y social, los medios del transporte, los edificios. El once de septiembre, un avión de 180 toneladas arrojado a 400 kilómetros por hora, traspasa la planta de 4.000 metros de un edificio y coloca en un interior 80 toneladas de gasolina capaces de fundir una estructura con efectos tan destructivos como los de un “bombardeo”.

Volvíamos al terrorismo aéreo que ya había sido demostrado su fatalidad, en la villa escocesa de Lockerbu el 21 de diciembre de 1988, en el que murieron 290 personas. Empezaba el terrorismo biológico “Que pertenecía solo a la ficción”, hasta que comenzaron a llegar cartas con esporas de ántrax.

El terrorismo sionista fue asentado sobre la conciencia del pueblo elegido, Menhamed Begin, Shamir, la acusación del dedo de la historia sobre la voladura del Hotel King David en 1946. Las enseñanzas del marxismo terrorista en el maoísmo intrépido. Los nacionalismos irlandés y vasco; la adhesión a un catolicismo integrista.

En la América del Sur, el Perú, el culto a Mao y al sol rojo Ismael Guzmán, de Sendero Luminoso donde se consideraba más “La Antorcha que la chispa’” teniendo como base el campesinado miserable. Siempre Mahoma fue un profeta armado, los versículos de la azora pregonan ‘Quien cree combate en la senda de Dios’.

El terrorismo político en la historia viene desde el siglo XI, con el Imán Asma-i-Sabbah. Naturalmente cambiado por los medios técnicos, el sustrato ideológico, las pasiones, la ceguera moral, la irracionalidad animal de hombres que se parecen más a monstruos fugados del averno de Satán, lejanos de los habitantes del monte Sion.

EL 28 de junio de 1914 en Sarajevo fue asesinado el archiduque Francisco Fernando, esa mecha encendió la guerra que cambió el mapa político europeo y del mundo.

El anclaje Narcista lo analiza una sicoanalista, “Dos posiciones en el atentado suicida, la del grupo “Nosotros”, la verdadera, la sacralizada y la del fuera del grupo, “los otros” la falsa, a ser demonizada.

El shahid, el sujeto que perpetra el atentado suicida, considerado un mártir y no un suicida, porque su acción obedece a un mandato divino.

El movimiento de los indignados superando los istmos religiosos que los separaban, triunfó en Egipto su eslogan queremos pan y empleo, contra Mubarak, sacó a Gaddafi narcisista autoengañado de su importancia política y financiera. La desmemoria acusa a los mortales Al -Qaeda fue fundada hace años por la Cia, el M16, Arabia saudí/. Nadie mencionaba el poder del Islam
En Siria se habla del jazmín negro y de la fragancia de la muerte para Bacham-el-Assad, que pisotea las minorías alauitas, cristiana y drusa.

El mundo olvida a Sarajevo, conflicto étnico y religioso, cuatro religiones musulmana, católica, ortodoxa y judía. Sarajevo la Jerusalén de los Balcanes. Hemos pasado de una forma de terrorismo a uno macro según el nuevo neologismo del lenguaje de la guerra.

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