Domingo, 17 Feb,2019
Opinión / FEB 11 2019

Más sueños menos balas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Se llamaba Fabio Andrés Legarda y lo tenía todo… sueños, talento, amor, salud, alegría, ideas, éxito, amigos, proyectos y posibilidades.

Era una estrella rutilante en el firmamento artístico de un país que amaba. Ante sus ojos —luminosos como su pensamiento—, se abría una autopista de opciones, todas conectadas con su optimismo, su pasión por la vida y su constancia.

Los niños y jóvenes que lo seguían en las redes sociales lo amaban, se sentían inspirados por su conexión con la esperanza y su compromiso con la excelencia. Leían sus mensajes en todos los rincones del mundo. Legarda era una fuente inagotable de fortaleza y luz.

En su cuenta de Twitter están sus frases: “Dios te da de regalo oportunidades y lo que tú haces con esas oportunidades, son tu regalo para él”.

Era seguido, admirado, respetado y comprometido con su carrera como cantante y youtuber; hacía parte de una familia, tomaba la mano de alguien —Luisa Fernanda W—, para caminar por la calle, iba por la vida con la frente en alto y la mirada inundada de ilusiones y de pronto… Una bala cobró su vida.

¿Por qué?

¿Daños colaterales por vivir en un país violento? ¿Trampa del destino por estar en el lugar equivocado, en el momento inadecuado? ¿Día y hora de morir escritos en un libro invisible, en la mitad de la nada? ¿Un accidente? 

Una luz se apagó para siempre, una ausencia con eco de dolor se ha construido… Jamás estará de nuevo su mirada, nunca más su risa, ni una sola palabra de su boca será otra vez…

Y entonces, cuando un famoso es tocado por esta violencia absurda que palpita en las calles de las ciudades colombianas, surgen revelaciones escabrosas: “Apenas unas horas después de que se conoció la  muerte de Legarda, en medio de un fleteo en Medellín, fue asesinada en Floridablanca, Santander, una joven de 15 años y una bebé de once meses resultó herida en hechos similares en Cali”. 

¿Cuántas víctimas de balas perdidas? La cifra es aterradora: En los 27 años corridos entre 1990 y 2017, 1.565 personas fueron afectadas por balas perdidas en Colombia. De ellas, 675 murieron. Legarda es uno… ¡de muchos! 

Urgen la reflexión y acción, las autoridades deben intervenir para limitar el uso de armas de fuego y controlar hechos —que como el reciente—, enlutan el alma da la patria. 

Ante el silencio aplastante de la muerte, solo queda encontrar motivos para la esperanza, quizás las palabras del padre de Legarda puedan servir como guía. 

En el sepelio, dijo: “Todos debemos tratarnos con amor, aprendan de mi hijo que hay que seguir los sueños y nunca desfallecer. Toda la vida luchó por sus sueños y yo quiero que eso les quede en el corazón”.

Una sola bala, ensordecedora… Millones de lágrimas cayendo en silencio.


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