Jueves, 22 Ago,2019
Opinión / AGO 13 2019

Mataron la esperanza

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Ante los reiterados escándalos de corrupción de los últimos gobernantes encarcelados o destituidos, que llegó a su punto máximo con el concierto para delinquir y el robo de $22.000 millones de la contribución de valorización; se esperaba que hubiera llegado el momento que la ciudadanía indignada se organizara, para impedir que los corruptos siguieran saqueando el patrimonio público, con la anuencia de los organismos de control. 

La ciudadanía aguardaba con expectativa una alternativa de cambio y renovación de la clase política, que los motivara a salir decididamente a derrotar en las urnas a los delincuentes, que desde hace varias décadas tienen secuestrada la administración pública y la convirtieron en un negocio privado. Lamentablemente esto no ocurrió. 

Desde el año pasado se empezó a trabajar con el propósito de consolidar la unidad de los movimientos alternativos, cívicos e independientes, que permitiera lograr un acuerdo programático y un mecanismo de selección de las personas idóneas e integras; para gerenciar con transparencia, defensa del territorio e inclusión social a Armenia y el Quindío. 

Pero los “dirigentes” de la Alianza Verde y el Polo Democrático, que invitaron a esta iniciativa, resultaron con más vicios y componendas que los corruptos líderes de los partidos tradicionales. Irrespetaron los acuerdos y los compromisos. Sin ninguna autonomía trataron de imponer una manguala que representaba más de lo mismo, para finalmente agachar la cabeza y aceptar los candidatos impuestos por Fajardo y Claudia; que no aceptan ninguna coalición con la Colombia Humana. Si tuvieran dignidad deberían renunciar irrevocablemente y permitir que jóvenes con más capacidades asuman el manejo de esos anquilosados movimientos. 

Solo llegaron a un insignificante acuerdo para presentar listas unificadas a la asamblea y al concejo, para salvar sus mezquinas aspiraciones personales. Descalificaron como cizañero a quien se atrevió a hacer una autocrítica constructiva.  Y negaron el aval a un brillante joven profesional con una fundación y un importante trabajo social, por temor a perder la única curul que tienen en el concejo sin ninguna trascendencia.

Era el momento histórico de unir voluntades y de apelar al civismo para rescatar la capital y el departamento, pero estas agrupaciones políticas y sociales se debilitaron porque antepusieron sus ambiciones e intereses personales, los deseos de figuración y de protagonismo, a los intereses generales de la comunidad. 

Mientras las maquinarias clientelistas electorales, armaron un frente nacional de todos los partidos tradicionales para mantener el poder y seguir abusando de él; los movimientos alternativos y progresistas prefirieron la división porque tienen vocación suicida. Les falta compromiso y trabajo de base. También ambición de poder y grandeza. 

 No apareció el liderazgo, ni la respuesta, ni la acción ante la indignación ciudadana. Parece que la humanidad es más propensa al egoísmo y a la indiferencia, que a la razón. Tendremos que arrepentirnos una vez más, no tanto de las acciones malas de los corruptos, sino de la indolencia de la gente buena. 


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