Editorial / Mayo 19 de 2017 / Comentarios

No tolerar la corrupción

Publicar ayer que la alcaldía de Armenia, la Personería Municipal, el concejo y la corporación Región de Medellín firmaron el pacto por la Transparencia y la Legalidad, como un compromiso voluntario mediante el cual sus funcionarios ratificaron la disposición para ejercer un servicio público honesto, fue un hecho que en lugar de generar aplausos propició críticas y claras muestras del rechazo que suscita la corrupción en la sociedad actual.


Hace unas décadas, las firmas de pactos por la transparencia fueron el ‘boom’ para las administraciones y las entidades del Estado, siendo recibidas por la comunidad como claros ejemplos y disposición de los líderes para ejecutar las tareas propias del ejercicio público con transparencia, lo que daba una sensación de tranquilidad al ciudadano.

Las cosas han cambiado. Los anuncios son considerados ahora como simples “titulares de prensa”, y se exige que se deje a un lado el protocolo y se cumpla con lo que manda la Constitución y las leyes. Es lo que juran cuando asumen los cargos. Y es lo que tienen que hacer.

En los portales digitales de nuestro diario, los ciudadanos se manifestaron molestos y en resumen expresaron frases como: “Es increíble que se tengan que hacer pactos y acuerdos de transparencia y legalidad para cumplir con lo que por principios son propios de la naturaleza y formación humana. ¡Vergonzoso!”, o “la transparencia no es de firmas, es ética desde el hogar”.

Consideramos que la sociedad está cansada de acciones sin resultados. Está harta de presenciar a los gobernantes y líderes hablar de transparencia y lucha contra la corrupción, pero mientras tanto se destapan más ‘ollas podridas’. La gente no olvida los desfalcos a Foncolpuertos y Cajanal de décadas pasadas, y los actuales de Odebrecht, InterBolsa, Reficar, el carrusel de la contratación en Bogotá, el caso Saludcoop, y en nuestra región, los hechos que protagonizó David Barros Vélez, cuando fungió como alcalde de Armenia.

La corrupción es el mal que agobia al país, así las entidades den reportes de reducción, como el revelado a finales de abril por parte de Transparencia por Colombia, sobre los índices de corrupción en el país. Allí, se conoció que el Quindío se ubicó en el décimo lugar y con riesgo medio de corrupción, al igual que Armenia que ocupó el cuarto puesto.

En esa oportunidad, los mandatarios celebraron los resultados, sin embargo y no es por desconocer los esfuerzos, la ciudadanía lo que exige es cero tolerancia contra la corrupción y absoluta transparencia. No más firmas ni cifras, solo honestidad.

Señores ciudadanos, la corrupción se combate con principios y valores, como lo hemos recalcado en varias oportunidades, y lo anterior se siembra desde la familia. Vemos con beneplácito la estrategia que impulsa el señor contralor de Armenia, James Medina, quien lidera una campaña para promover valores en la sociedad, empezando desde el núcleo familiar y los colegios de la región, a lo que le apuntamos y apoyamos desde este medio de comunicación.

Otra tarea, que ya es responsabilidad de los ciudadanos con edad para decidir en las urnas, es elegir ejemplares representantes. Estamos a pocos meses del ‘partidor’ para las próximas elecciones legislativas y presidenciales de 2018, por lo cual es momento para concienciarnos que en manos de nosotros, todos los ciudadanos, está una de las estrategias para erradicar de la sociedad la corrupción. No es cliché, pero la responsabilidad que hemos delegado a otros o que hemos asumido sin compromiso ha permitido que lleguen a las altas dignidades personajes poco saludables y que ven como un ‘cuartico de hora’ los puestos a los que acceden gracias al voto popular.

Hay que eliminar las malsanas prácticas electores y tener la responsabilidad civil de leer, evaluar y analizar las propuestas para decidir a conciencia candidatos íntegros que promuevan iniciativas reales y que además den prioridad a los valores de la sociedad. No es solo con los niños sino una labor conjunta de la comunidad como podemos empezar a construir una nueva sociedad honesta y responsable, que deje atrás la práctica de la corrupción, que ha lesionado los cimientos de la sociedad.

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