No tome trago, tome conciencia
Autor: Uriel Salazar Ceballos
Tomando como punto de partida el lema de una campaña contra el consumo de alcohol y teniendo en cuenta que dentro de las actividades más antiguas de la humanidad, la de tomar trago ha competido desde siempre con las más tradicionales a fin de conquistar el primer lugar, conviene formular algunas recomendaciones.
Si el acto de ingerir licor, beber, libar o tomar, ha causado tantos y tan negativos efectos, la sola enumeración de ellos debería bastar para que los alcohólicos anónimos superaran su adicción.
Desde la desinhibición total hasta la agresión con víctima fatal incorporada conforman el abanico de posibilidades que pueden surgir como resultado del alicoramiento, alternativas que implican riesgos y peligros al conducir en estado de embriaguez, maltrato a la pareja, a los hijos y demás familiares, agresividad social, despego del trabajo y otros deberes, dilapidación de bienes, mengua de la imagen personal, familiar y social, así como la degradación de la salud física y mental.
Caracterizados de diferentes maneras, los bebedores aparecen en cualquier esquina imprudentes e inoportunos, abrazadores y monotemáticos, sonsonetudos y repetitivos, babosos y malolientes, audaces y osados, fortachones y decididos, retadores y atrevidos, parlanchines e incoherentes, en fin, convertidos en seres indeseables.
Si el comienzo para solucionar un problema está en reconocer que el problema existe, los “borrachos” jamás podrán superar su afección mientras no reconozcan los perjuicios que les causa el licor, más cuando se empeñan en afirmar que son bebedores sociales y que sus tragos son los más amables.
Los bebedores, así como ignoran que difícilmente tienen la razón, también olvidan el grueso calibre de sus palabras, el alto volumen de su voz y de su equipo de sonido, el desprecio por las normas establecidas, la prohibición de conducir en ese estado, la medida en el gasto, el respeto a las damas que sirven como testigos de sus borracheras, la coordinación de sus movimientos, el hilo temático al hablar, la vocalización de los términos, el ejemplo para los menores de edad, en síntesis, las más elementales normas de convivencia.
La alegría o la tristeza, el entusiasmo o la desgana, la soledad o la compañía, el éxito o el fracaso, el nacimiento o la muerte, el amor o el desamor, antes que motivos para embriagarse, son estados que deben asumirse con mente clara, responsabilidad y madurez
Así como el dios Baco perteneció a otra época, de igual manera debe dejarse atrás la costumbre de emborracharse, ya que son muchas las personas víctimas mortales, psicológicas o morales de los amantes de las bacanales... antes que licor, tome conciencia.