Opinión / Mayo 19 de 2017 / Comentarios

Periodismo cultural

José Nodier Solórzano Castaño

No son menores y escasos los retos del periodismo en el siglo actual. Desde considerar la propiedad de los medios, que condicionan la información, hasta la revolución tecnológica que implica, en un océano de datos, el tamiz o la saturación de los mismos a los ojos del receptor. La serpiente de la información, en un caldero de simultaneidad, se muerde la cola ante los ojos atónitos de los espectadores.


Existen, y así lo evidenció Hans Cristian Andersen cuando dijo que la prensa era la artillería de la libertad, ríspidas cortapisas diseñadas por los dueños del poder. El hecho de que los grandes medios hayan sido adquiridos por los monopolios productivos, por ejemplo, vuelve nimio el resquicio de la libertad de opinión. El capital siempre intenta acallar la crítica de los espíritus independientes. A nada le teme más un político corrupto, un mercader de humo o un mitómano que a la exposición pública de sus miserias.

Nuevos paradigmas desafían a los periodistas en Colombia. La concentración de la riqueza económica o la acumulación de poder en unas pocas familias convierte al periodismo, a las salas de redacción de los noticieros y de los portales especializados, en el campo de batalla de los intereses contra los principios, de los privilegios contra el derecho ciudadano a una información objetiva: de verdades contrastadas y contextualizadas.

Además porque en esta sociedad del espectáculo, la verdad se volvió relativa y acomodaticia. Y en provincia, como ya lo sabemos, la dependencia de los medios de comunicación con la pauta oficial o con las empresas hace de la información un dulce envenenado.

En este contexto, es meritorio mantener independencia o libre albedrio, al menos frente a poderes consuetudinarios en la política y en la sociedad, y notable convertir un medio de comunicación en canal de otras expectativas sociales, en particular, de alternativas culturales.

Lo ocurrido con la dirección de Miguel Ángel Rojas, durante los años que estuvo al frente del diario LA CRÓNICA, dice bien de los avances que ha tenido el departamento en relación con la diversidad de opiniones, sí, y abona que, en medio del canibalismo local, de esos mordiscos que nos mandamos a destajo entre coterráneos, por simple envidia, por mezquindad o por parroquialismo, su visión de historiador y de gestor de oportunidades culturales se mantuvo vigente y enhiesta.

No contraría una tradición de periodistas como Celedonio Martínez, Ernesto Acero Cadena, Germán Gómez Ospina, quienes, sin dejar de pensar en la cotidianidad de su comarca, en los decires propios, lograron edificar un discurso independiente, en un contexto de celosías inhibitorias. Miguel Ángel, también, creó un soporte informativo para iniciativas culturales de la región.

El Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, que fundamos en Calarcá hace diez años, y que este año aborda la temática de Literatura después de la guerra, no hubiera podido sobrevivir y crecer sin el apoyo generoso de Miguel Ángel Rojas, en su función atinada como director de este diario.

Sé bien que los gestores culturales del Quindío extrañarán la solidaridad de Miguel Ángel Rojas, quien hizo de LA CRÓNICA DEL QUINDÍO el medio idóneo para hospedar las iniciativas y experiencias culturales de todo el departamento.

Difícil será, ahora, caminar por el desierto.

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Colombia es el segundo país más biodiverso del mundo. Su territorio cuenta con el mayor número de especies de mariposas diurnas, aves, anfibios, vertebrados terrestres, palmas y anturios; es el segundo país con más especies de peces de agua dulce y el tercero con mayor número de especies de reptiles. El Quindío, que es el segundo departamento más pequeño de Colombia (con apenas el 0,16% del territorio nacional), alberga el 10% de toda la biodiversidad del país. Su posición en el planeta, su cercanía con volcanes, su diversidad de paisajes y su variedad de ecosistemas hacen de este departamento un lugar alucinantemente bello (con un potencial turístico mayor del que creemos) y permiten la existencia de diversas especies vegetales de alto valor para la medicina, la alimentación y la botánica. Por desgracia, toda esta riqueza natural está amenazada por la minería de metales a cielo abierto; pero, por fortuna, hay un grupo de seres conscientes: “mamertos”, “demagogos”, “hippies”, “castrochavistas” y “populistas”, dispuestos a ser la voz de la Tierra y a defenderla contra viento y marea. Aunque no la tienen fácil: se enfrentan al poder económico, que tiene todos los medios para convertir mentiras en verdades, como aquella de que el cambio climático no existe o de que un modelo de desarrollo obsesionado con el crecimiento económico y concentrador de la riqueza es sinónimo de bienestar para todos. En su libro Homo Deus, el historiador Yuval Noah Harari señala que la estabilidad ecológica será un proyecto que sustituirá a la lucha contra el hambre, la peste y la guerra en la agenda de prioridades de la humanidad del siglo XXI. Es muy probable que el equilibrio ecológico se convierta en nuestro mayor desafío. Por desgracia –dice Harari– casi ningún país del mundo está dispuesto a hacer un sacrificio económico o político serio en pro de superar esta difícil situación.  Es tan grave el daño que le hemos hecho al medioambiente que hace unos días se supo que el científico Stephen Hawkings recomienda ir buscando otro planeta, porque en cien años ya no será posible vivir en el nuestro. Y no es la primera vez que se pronuncia en ese mismo sentido. Hace seis años le dijo a Larry King: “La humanidad, con su avaricia y estupidez, está en riesgo de destruirse a sí misma”. Así que los invito a que le presten oídos al movimiento ambiental del Quindío y a que contribuyan, en la medida de sus posibilidades, a defender nuestro territorio de las destructoras garras de la codicia. “¡Somos un territorio megadiverso; no megaminero!” Avisos parroquiales: El viernes 2 de junio se realizará la segunda edición de la Marcha Carnaval de Armenia, que saldrá del parque Fundadores a las 2:00 p. m. y terminará en la plaza Bolívar. Y el 9 de julio los ciudadanos de Pijao irán a las urnas a decidir, si están o no de acuerdo con que en ese municipio se desarrollen proyectos y actividades de minería de metales.

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