Jueves, 18 Abr,2019
Opinión / MAR 24 2019

Poca resistencia a la frustración

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Es muy común escuchar decir que alguien tiene baja o alta resistencia a la frustración para referirse a la capacidad de manejar adecuadamente o no ese sentimiento que se produce cuando se tienen unas expectativas y estas no son satisfechas. Cuando queremos algo y no lo conseguimos o cuando nos suceden cosas que no deseamos. 

En este sentido todas las personas experimentan cierta dosis de frustración cotidianamente. Y si no es un estado permanente, es decir si no todo en la vida es frustración, constituye un mecanismo que permite adaptarse al medio porque impulsa a buscar diversas maneras de hacer las cosas, encontrar soluciones y aprender a manejar la dificultad y la adversidad.

Sin embargo, lo que ocurre actualmente, especialmente con los niños y los jóvenes, pero también con muchos adultos, es que abstenerse de tener las cosas ya, esperar para obtener lo que quieren o exponerse a una dificultad creciente, resulta para muchos devastador y los lleva a reaccionar de manera desproporcionada o poco productiva que va desde abandonar lo que están haciendo no importa lo que sea, hasta no lograr controlar la rabia o la agresividad.

Especialmente en lo que tiene que ver con la educación de los hijos, es posible que esté relacionada con la protección excesiva de la tensión normal cotidiana, con el complacer todos los gustos y con allanar permanentemente el camino para que no se vean abocados a experimentar ninguna de las mal llamadas emociones negativas, como la decepción, el sufrimiento, el desengaño, la tensión y ciertas dosis de estrés. Lo que veo en mi práctica terapéutica con muchas familias, es que esta dinámica está llevando a una cierta “vulnerabilidad emocional” que genera síntomas preocupantes reflejados, entre otros, en poca fuerza de carácter, una actitud del mínimo esfuerzo y a la incapacidad para enfrentar y responder de manera adecuada a los eventos difíciles de la vida.

Desarrollar niveles más altos de resistencia a la frustración es una habilidad que se logra con la práctica. Tiene que ver con aplazar la gratificación inmediata —no comerse el postre antes de la sopita— , aprender a esperar y a no tenerlo todo inmediatamente y al costo que sea. También pasa por esforzarse en conseguir las cosas u obtener privilegios a través del esfuerzo continuado y sostenido y valorar las ganancias a largo plazo. Con algo muy útil y es poder evaluar las situaciones en forma realista, es decir ver el mundo tal como es, con aspectos positivos y negativos, aceptar lo que no se puede cambiar y asumir los obstáculos y los fracasos como parte de estar en este mundo. 

Cuando las cosas no resultan como uno quiere, hay muchos caminos positivos como cambiar las expectativas, aceptar que no es tan grave no tener lo que se desea o en decidir con buena actitud comenzar de nuevo. Esto contribuye a elevar en varios grados nuestra resistencia a la frustración.


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