Martes, 16 Ene,2018

Opinión / ENE 12 2018/ Comentarios

POT: es tiempo de tocar madera

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Fernando Arias Romero

Pasadas las fiestas de fin y bienvenida del año, ya es tiempo de tocar madera y entrar a diseñar, sin dilaciones, la estrategia de reordenamiento territorial que debe implementar Armenia a partir del presente mes. 

Existe suficiente ilustración sobre el uso y abuso del acuerdo 019 de 2009 (POT de Armenia) que obligaron a la expedición de los decretos municipales que derogaron el POZ avenida Centenario y las fórmulas de cancelación de los mayores aprovechamientos urbanísticos. 

Entre el devenir de demandas, los jueces de la República terminarán siendo los ordenadores del territorio y muchos millones de pesos perjudicarán a unos y beneficiarán a otros en medio de un berenjenal argumental que terminará convirtiendo eventuales infracciones urbanísticas en casos fortuitos o de fuerza mayor. Bajo esta óptica, todos y nadie tendrá la razón. 

A 12 de enero, aún sin terminar la vacancia judicial, la administración municipal debiera estar ya formulando una autentica revisión de su POT, acorde con el difícil momento. Desplegaré en esta columna, sus temas prioritarios. 

El municipio debe dar respuestas adaptativas de su territorio, no solo ante los efectos-ya indiscutibles-del cambio climático, sino también al impacto de los decretos y leyes adoptados para el post conflicto por la vía fast track y sobre lo cual poco conocemos. Sabemos de una reforma rural integral, que supuestamente debe reducir sustancialmente y en muy corto plazo, las desigualdades sociales entre el campo y la ciudad. Esta reforma, así concebida, debe ser una oportunidad importante para el reordenamiento territorial, teniendo en cuenta que el soporte de nuestra economía cuyabra aun es la producción del agro.

En este contexto, según la arquitecta Margarita Pacheco Montes: “Todos los sectores de la economía debieran entrar también en ‘modo de adaptación’ hacia lo que perfectamente se define como la sostenibilidad de la paz territorial, empezando por una agricultura enfocada en soberanía alimentaria, ganadería que no amenace la tala de bosques, minería responsable aceptada por las comunidades, energías renovables, educación ambiental e innovación tecnológica... Esta reforma rural integral deberá redundar en procesos de urbanización que frenen la tendencia invasora de pavimentar tierras agrícolas fértiles y zonas de humedales necesarias para regular crecientes e inundaciones en la región. En la transición hacia otra fase civilizatoria donde el campo es el antejardín de cada ciudad, se evidenciará la resiliencia de la ciudadanía comprometida con el cambio: o probamos capacidad de respuesta para enfrentar cambios o nos abocamos a umbrales críticos e irreversibles”.(Continuará)


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