Domingo, 17 Dic,2017

Editorial / DIC 07 2017/ Comentarios

Reavivar el alumbrado

Con alegría este jueves y viernes se celebra una de las más ‘brillantes’ tradiciones decembrinas, el día de las velitas. La tradición se mantiene pero debe evolucionar para que no se apague.

Sin importar la creencia, la tradición del alumbrado del 7 y 8 de diciembre, en honor a la virgen, se ha convertido en unas de las principales actividades navideñas en el país y el Quindío. No por menos, el municipio de Quimbaya es reconocido por tener el festival de velas y faroles más representativo de la nación y que data de 1982, un concurso que muestra la creatividad de artesanos quimbayunos que embellecen e iluminan la mayoría de las calles del municipio las noches de la celebración católica de la Inmaculada Concepción.

Ella parte del dogma proclamado por el papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus el 8 de diciembre de 1854, en la cual se afirmó que “la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción”, empero y apartados de las creencias, la fiesta que ilumina las calles y casas es de resaltar y conservar, más cuando ostentamos una tradición que es reconocida en el mundo.

No obstante, es oportuno analizar que cada año la representación del festejo se mantiene estática y sin nuevos elementos que le den otros atractivos y significados. Es necesario aprovechar las fortalezas que poseemos en la tradición de los alumbrados y conjugarla al sector turístico, sin que pierda su valor religioso. Esta fecha se considera como el inicio de las fiestas decembrinas y la temporada vacacional más importante del año, por lo cual un destino como el Quindío debe tener claro que hay que diversificar y ofrecer a propios y visitantes atractivos dinámicos.

Ya en estas mismas líneas, se ha propuesto una ‘ruta del alumbrado’, siendo Quimbaya el eje. En la última década, las velas y faroles se han extendido a otros municipios quindianos, además se integró el atractivo que organiza Corpocultura en el sector del estadio San José, así como las iluminaciones de plazas y parques de municipios por parte de la Edeq y el espectáculo extraordinario del Parque del Café durante las fechas de las velitas.

Cualquier visitante o habitante de la región puede hoy y mañana disfrutar en cualquier rincón del Quindío de bellos alumbrados, y que rescatan la tradición de las velitas y se armoniza con la modernidad de los bombillos.
Hay ejemplos de tradiciones, entre ellas religiosas, como la Semana Santa en Popayán, que se han convertido en importantes escenarios que jalonan el turismo y la economía de las regiones. Se tiene que articular una estrategia para darle al país y al mundo uno de los más hermosos y auténticos alumbrados de velitas, lo que obliga a organizarlo y promocionarlo como una ruta turística, como se ha vendido el Carnaval de Barranquilla o el de Negros y Blancos en Pasto.

Se requiere que se diversifique, no solo la celebración de las velitas sino la oferta del Quindío, y estas fechas serían una opción. La ruta no debe pretender competir con las grandes ciudades, sino ir a las raíces de la tradición con las velitas y faroles artesanales que a su vez promocionen el talento de los artesanos.

Es un llamado a las instituciones públicas y privadas, además de las cívicas y la academia, para que se tome el liderazgo y se diseñen en cada versión elementos nuevos que inviten, a quien lo aprecie por primera vez, a volver. Hay que reavivar los alumbrados, unirlos, para que sigan con su significado religioso y brinden oportunidades para promover el destino.

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