Domingo, 24 Jun,2018

Opinión / MAR 13 2018

Reflexiones poselectorales

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El pasado domingo se demostró una vez más que la publicitada democracia no existe, solo una minoría el 42% de los electores votó para elegir los integrantes de la más desprestigiada institución del Estado. La mayoría de los electos pertenecen a las maquinarias políticas tradicionales y son los mismos o los familiares, amigos o incondicionales de los caciques que detentan el poder político y económico de las regiones, algunos de ellos condenados o investigados por corrupción o vínculos con paramilitares o narcotraficantes. La indignación ciudadana reflejada en las urnas quedó aplazada una vez más. 

De nuevo con la complicidad de los organismos electorales y judiciales se presentaron las actividades proscritas por las leyes y el código penal en materia electoral (sin ningún tipo de sanción) como compraventa de votos, carrusel, constreñimiento y fraude al sufragante, alteración de resultados electorales, ocultamiento, retención y posesión ilícita de cédula, financiación de campañas electorales con fuentes prohibidas, violación de los topes de gastos en las campañas, candidatos que no informan sobre los aportes recibidos en sus campañas,  trasteo de votantes, suplantación del elector, violación a la restricción en materia de publicidad política, etc. 

No puede haber transparencia, ni credibilidad, ni confianza en las elecciones en Colombia cuando los magistrados del Consejo Nacional Electoral, los registradores y demás funcionarios de estas entidades son fichas políticas, ubicados allí para defender los intereses de los partidos tradicionales y de los dueños de las empresas electorales, que hacen elegir o reelegir a los políticos o gobernantes que tienen secuestradas las instituciones del Estado, para manejar a su antojo la burocracia y la contratación pública.

No se pudo votar la consulta para reformar el Congreso porque estos no lo permitieron, impidiendo la realización de un anhelo del pueblo reflejado en más de 4 millones de firmas. Tampoco se entregaron los tarjetones para votar las consultas de precandidatos presidenciales, no se autorizó la digitalización de los formularios de registro de las votaciones de las consultas, se permitió votar en fotocopia de los tarjetones. En definitiva no es serio ni respetable un Estado que permite este circo electoral.

En conclusión, tendremos de nuevo un Congreso ilegítimo y apéndice del Ejecutivo, que no tiene voluntad política ni interés de hacer las grandes reformas que el país necesita; por lo tanto para cambiar esta aberrante situación solo queda el recurso de aprobar un referendo que permita realizar una asamblea nacional constituyente y realizar las reformas a la justicia, a la salud, la educación, las pensiones y electoral, que incluya voto obligatorio y electrónico, la huella biométrica, la prohibición de financiación de las campañas con dineros privados, rebajar el exagerado sueldo a los congresistas y limitar su reelección a 2 periodos. 

 

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