Lunes, 18 Dic,2017

Opinión / DIC 07 2017/ Comentarios

Riesgos ambientales hasta el 2027

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Norberto Ovando

"Fomentar en los países emergentes el desarrollo de insumos para la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación situándolos en el contexto de la mundialización."

 

Los principales riesgos que el mundo deberá afrontar en los próximos 10 años son los peligros ambientales, la desigualdad económica y la polarización social. Así lo confirma el último Informe de Riesgos Globales 2017 del Foro Económico Mundial, FEM.

Los diferentes riesgos sociales, económicos, ambientales y políticos crecen en la manera en la que se relacionan, la incidencia simultánea de riesgos aparentemente dispares apunta a una posible crisis del sistema, donde cualquiera de estos riesgos atacará siempre a los eslabones más débiles —comunidades más pobres, zonas de estrés hídrico, etc.—. Las soluciones a los problemas deben ser transversales, que ataquen al conjunto de causas, en un mundo en el que hay muchas iniciativas, pero éstas siguen sin ser suficientes. Los vínculos entre la desigual distribución de la renta, la vulnerabilidad ante las catástrofes climáticas y la inestabilidad social enfatizan la exigencia de orientar las políticas económicas hacia una mayor protección de los más débiles.

El 4 de noviembre de 2016 entró en vigor el Acuerdo de París, una senda de reducción de emisiones apoyada también por los países más contaminantes como China o EE. UU. En 2020 se establecerá el techo de emisiones para las compañías aéreas en los vuelos internacionales. Según señala el informe de Riesgos del FEM, este impulso colectivo en la lucha contra el calentamiento global se puede ver mermado por los recientes cambios en el escenario político de Europa y EE. UU.

Los fenómenos meteorológicos extremos emergen como principal amenaza; solo en 2015, mil millones de personas se vieron afectadas por desastres naturales; en 2016, batimos el récord de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y también de aumento de temperaturas; y seguimos explotando los recursos naturales a un ritmo récord y de sigual —el 20% de la población consume el 80% de los recursos naturales—.

El ciudadano medio no tiene más voz o voto en el desarrollo tecnológico que comprarse o no un dispositivo móvil. Sin embargo, esta revolución ya ha marcado nuestras vidas y, junto a las grandes oportunidades, los riesgos que representa la tecnología nos obligarán a “reconstruir las sociedades”. Según un estudio de la Universidad de Oxford, en solo 20 años alrededor de 700 profesiones serán reemplazadas por máquinas. Debemos afrontar el impacto del desarrollo tecnológico no solo según el creciente número de comodidades que nos aporta, sino también desde el foco de los millones de personas cuyos trabajos se verán desfasados y amortizados en los próximos años. El reparto desigual de la riqueza nos enfrenta a un dilema que afectará el desarrollo de muchos países, ¿nos centramos en hacer la tarta más grande para unos pocos o en repartirla mejor?

Las amenazas medioambientales evidencian la urgencia de aplicar medidas de mitigación y adaptación. Con los actuales compromisos nacionales de reducción de emisiones (NDCs, por sus siglas en inglés), avanzaríamos hacia un escenario donde el aumento de la temperatura sería de 2,7 ºC, por tanto es necesario asegurar una revisión ambiciosa de dichos compromisos para cumplir con el Acuerdo de París, de mantener la temperatura por debajo de los 2 ºC y, evitar que el calentamiento global escape a nuestro control y nos lleve a una situación de consecuencias imprevisibles tal como nos previene la comunidad científica en el quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Zygmunt Bauman describía los tiempos actuales bajo la “teoría de la modernidad líquida”, formada por sociedades complejas en constante cambio, donde sus riesgos no pueden afrontarse con medidas milagrosas y simplistas, más propias de las improvisaciones populistas. Quizá una de las responsabilidades de las sociedades más desarrolladas sea la de comprender la complejidad e interrelación de estos problemas, y aportar no sólo recursos financieros sino las ayudas humanas y tecnológicas, imprescindibles para conseguir una cooperación global en torno a los mayores desafíos.

Deberían ponerse en marcha planes o protocolos para evitar un aumento del impacto ambiental que causarán los conflictos internacionales que se avecinan y como ir solucionando los desplazamientos forzados de personas. Aumentar el acceso a la educación, su calidad y gestión, y la prestación de servicios educativos para que se acorte la brecha entre ricos y pobres. Fomentar en los países emergentes el desarrollo de insumos para la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación situándolos en el contexto de la mundialización.
 

Norberto Ovando y Adalberto Álvarez
*Profesores de universidad


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