Opinión / Octubre 12 de 2017 / Comentarios

Salud del magisterio, muy grave

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Columnista invitado

"El nuevo contrato que hoy está en disputa, tiene un costo de 5.27 billones de pesos, recursos públicos, cuya finalidad esencial es materializar el derecho fundamental a la salud de los maestros".


La salud es un derecho fundamental que debe ser promovido, financiado, administrado y vigilado por el Estado, en este sentido, no se entiende como múltiples medios informan que en el país, quienes tienen la responsabilidad de direccionar la política en salud, también se declaran inhabilitados para dar debates necesarios para sacar a este sector de los cuidados intensivos en que hoy se encuentra; sencillamente porque en muchos casos, estas empresas financiaron sus campañas políticas o porque alguno de sus familiares está involucrado en el negocio de la salud.

No hace falta ser muy ilustrado para comprender que esas cercanías o relaciones no son buenas ni convenientes para los millones de usuarios que ponen la vida en manos de un sistema que la ha mercantilizado como si se tratase de un objeto cualquiera. Como lo dijo en alguna ocasión el maestro Carlos Gaviria: “El que paga para llegar, llega para robar. Cuando un candidato invierte millones y millones en su campaña, no es un candidato, es un empresario y al llegar al cargo, solo pensará en sacar lucro, provecho y en lo que menos pensará…será en la gente”. Preocupa demasiado el manejo político que en el país, se le da a un tema tan sensible para la población, como lo es la salud.

El sindicato único de trabajadores de la educación del Quindío Suteq, en representación de los docentes y sus beneficiarios, usuarios del servicio de salud de la Unión Temporal Cosmitet Ltda., rechaza enérgicamente las anomalías que se vienen presentando en la prestación del servicio, como la prolongada prorroga bajo la cual, desde la mitad del pasado mes, se informó que solo se respondería por medicamentos hasta el 30 de septiembre, se niegan citas de especialista, pero también generales y hasta para acceder a las prioritarias hay dificultad; además de esto y como si fuera poco, se cerró la sede Calarcá, ¿acaso a los usuarios no se les descuentan los aportes hasta el último día del contrato?

Hoy se agudizan los síntomas de lo que podríamos llamar un sistema perverso en el que quien se enferma es cliente, cifra, porcentaje, y no persona, no humano merecedor de atención digna y que puesta en el papel, en lo que reza el contrato, obedece a garantías como la calidad, oportunidad, pertinencia, suficiencia, continuidad e integralidad de la atención; pero muy por el contrario, se evidencia que para el contratista lo que importa son las maniobras que le permitan a cualquier costo, reducir el gasto de operación para obtener el mayor margen de ganancia. El nuevo contrato que hoy está en disputa, tiene un costo de 5.27 billones de pesos, recursos públicos, cuya finalidad esencial es materializar el derecho fundamental a la salud de los maestros y sus familias, y no convertirlo en fortín para satisfacer la voracidad del capital privado.

Corresponde a la Fiduprevisora, al MEN y organismos de control, vigilar y garantizar que el dinero de la salud efectivamente se invierta en la atención eficiente de, en el caso del Quindío, los 11450 usuarios del servicio de salud que requieren el acceso a medicamentos al salir de su cita médica y no cuando al prestador se le ocurra enviarlos de Cali, como ejemplo, denunciamos que hay pacientes de cáncer, epilépticos (menores de edad), pacientes renales, de riesgo cardiovascular, entre muchas otras patologías, meses enteros sin los medicamentos formulados por los médicos tratantes; que ante esto ni la tutela ni los incidentes de desacato han logrado una entrega oportuna y completa de los mismos. Que hay serias dificultades para acceder a citas con especialistas, a procedimientos, a reembolsos de los dineros gastados por los usuarios porque el prestador a pesar de que en la ciudad exista la oferta del servicio, envía a los pacientes a otras ciudades para no contratar un servicio alterno y poder utilizar los propios y así rebajar costos. Que todo aquel que reclama, denuncia o exige su derecho, es un grosero o patán, olvidando que si hubiese un buen servicio, solo habría gratitud por parte de los usuarios, pues la reclamación solo se origina en el incumplimiento.

Hoy denunciamos y reclamamos por el abandono en que los encargados de administrar, contratar, vigilar y sancionar, han dejado a los maestros y sus familias, siendo los prestadores quienes a todas anchas deciden y determinan, en claro incumplimiento en muchos aspectos, del contrato que se firma, que termina siendo letra muerta pues esa orfandad, ha descargado en los sindicatos, la responsabilidad de exigir y defender el derecho que se tiene a un servicio de salud digno y eficiente, que de ser administrado directamente por el estado, no debería enriquecer a ningún particular, sino, ser auto sostenible, poniendo al servicio de sus usuarios al más calificado personal médico, los mejores recursos científicos y tecnológicos en el tratamiento de la enfermedad, con una importante inversión en prevención y promoción de la salud; siendo la vida y no la ganancia económica, el objetivo del servicio.

Hoy está colapsada la prestación del servicio médico asistencial, no solo del magisterio colombiano, sino de la población en general y esto es básicamente porque un derecho fundamental se ha convertido en mercancía, en un negocio inmoral. Exigimos el reconocimiento y respeto de la vida, la salud y el bienestar como derecho fundamental en el que todos los involucrados y responsables deben dar cuenta de las decisiones tomadas y las acciones emprendidas para garantizarlo a toda la población y en particular en este caso al magisterio del país.

Los maestros nos declaramos en alerta y en pie de lucha, para defender el sagrado derecho a la salud y la vida, en el que el monto del contrato se vea reflejado en el servicio recibido y no en los informes de ganancias de las empresas prestadoras.

La salud es un derecho, no una mercancía.


Luz Stella León Morales

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