Editorial / Noviembre 14 de 2017 / Comentarios

Salvar al ser humano

El habitante de calle clama por atención. Los homicidios de tres personas en Calarcá impulsan a acelerar la aprobación de una política pública.


Mientras LA CRÓNICA publicó el miércoles pasado un informe de la actual situación de la población habitante de calle, en el que se incluían las declaraciones de personas con loables propósitos como Marcial Apablaza, quien no se cansa en reiterar sobre la necesidad de aprobarse una política pública en beneficio de dicho colectivo, el diario tuvo que informar a los quindianos, y en especial a los calarqueños, que fueron hallados asesinados dos hombres y una mujer, que pertenecían a esa condición.

Según los datos, 37 homicidios reporta Calarcá en lo corrido del año, lo más alarmante es que de ese número, en 10 crímenes las víctimas son personas en condición de calle. ¿Qué está pasando? ¿Existe la denominada y censurable limpieza social?

A pesar de que las autoridades han relacionado los hechos con el microtráfico, la atención no debe ser menor, pues ello es parte de un fenómeno complejo que exige de mayores esfuerzos de la institucionalidad. En el reportaje del diario, Apablaza, coordinador del programa Habitante de calle de la Pastoral Social de la diócesis, recalcaba en los avances, en Armenia como en Calarcá, con relación a la ayuda y atención de la población, empero con lo acaecido, el empeño se tiene que multiplicar para salvaguardar a unos seres que por razones familiares, sociales o sicológicas, han abandonado sus hogares y hecho de las calles su hábitat, y que solo ellos entienden el por qué están allí.

Es pesaroso lo que se observa en los andenes, en particular en Armenia y Calarcá, y que según datos de la Pastoral hay cerca de 1.000 habitantes de calle en la capital quindiana. Conmueve al ciudadano ver niños, jóvenes y adultos perdidos en la suciedad, abandono y en la mayoría de casos, en el consumo de psicoactivos.

Es por ello, que las iniciativas de Marcial Apablaza deben tener eco entre los quindianos y las administraciones, además de articular el denuedo de otros organismos, para contribuir a la mitigación de un flagelo que descompone a la sociedad. Destacamos las 4 columnas que expone Apablaza: primero, conocer, acercarse, establecer vínculos con las personas en situación de calle, escuchar sus necesidades y darle respuesta; segundo, identificar la red de recursos comunitarios que tiene la ciudad para responder a sus demandas, contactar a quienes están trabajando en el tema y qué respuestas le pueden dar; tercero investigar, sistematizar las experiencias, labor que se adelanta con la Uniquindío, y cuarto, incidir en las políticas públicas incluyentes.

Aunque se especula que los habitantes de calle que se ven en la región son de otras latitudes, lo cierto es que el 90% son del Quindío. En tal efecto, el reto es unir lo público y privado, para estructurar el sistema de atención, que en el caso de Calarcá, la alcaldesa se ha apersonado al presidir la mesa, pero que en la capital se requiere de mayor liderazgo institucional.

La política pública exige los 4 puntos expuestos y responder a una ruta definida y que se asignen los recursos para ordenar la perseverancia de una sociedad que está dispuesta a colaborar, pero que no cuenta con la coordinación que direccione la abnegación por salvar a unos seres humanos que están lejos de ser lo que muchos consideran, y de forma execrable, como “desechables”.

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