Miércoles, 19 Jun,2019
Opinión / MAR 25 2019

Somos uno

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Es verdad que, en la creación, la especie humana fue declarada soberana de todo lo existente, no para servirse ilimitadamente o para consumir hasta la exageración, sino para cuidar y preservar la inmensidad de tesoros que fueron puestos al servicio de la humanidad.

Quizás tenemos como especie un error de comprensión (debería decir “horror”) y por eso, vamos irresponsablemente —personas de diversas edades y culturas—, dejando lo peor de cada cual a los territorios que visitamos. 

Es deprimente viajar a sitios sagrados como el valle del Cocora en Quindío, las playas de San Andrés y los más hermosos bosques de Colombia y contemplar: botellas plásticas en desuso, empaques de alimentos, tapas de toda índole, latas de cerveza, colillas de cigarrillo y todo tipo de inmundicias, deliberadamente abandonadas por criaturas irracionales e inconscientes, que se creen amos y dueños de toda tierra pisada y se sienten con derecho a contaminar: agua, suelo y aire.

Son los mismos que andan por ahí, paseando a sus perros sin recoger sus heces fecales, aquellos que le envían al oxígeno —que es la base para la vida de todos—, el humo de sus vicios y los gases de sus vehículos automotores… Esos que arman fogatas y campamentos, dejando una huella escabrosa de desperdicio, lo que comen en el bosque, para beneficiarse de la hermosura de la naturaleza y no tienen siquiera un asomo de consideración y reciprocidad para recoger los desechos que producen.

Debemos entender los humanos que en verdad somos uno… con los animales y la tierra; con las aves y el viento; con los peces y el agua; con las lagunas, ríos y mares; con todo lo creado.

La existencia nuestra pende del mismo hilo —bello y sutil—, que todas las otras formas de la vida… por ello, la contaminación de los océanos es nuestra extinción, la suciedad del agua, la perdición y lo enrarecido del aire, la muerte.

Somos uno, con cada criatura que palpita en el planeta y por ello, es nuestra indelegable responsabilidad… cuidarles… protegerles… preservarles…

Las campañas de reciclaje, reutilización y clasificación de desechos, no deberían ser propias de unas pocas almas con un nivel más elevado de conciencia; tendría que ser una exigencia universal y generalizada, pues el deterioro de los recursos, apremia por una humanidad más consciente, responsable, dueña de sus actos, comprometida con el presente y futuro de este, nuestro hábitat.

No más basura en los mares, tampoco en los ríos, mucho menos en los lagos y lagunas… No más. Debería implementarse un sistema de vigilancia y sanción, tan estricto, que obligue a cada ciudadano de este mundo a hacerse cargo de toda su basura y más allá, a limpiar un poco el desastre colectivo que hemos armado.

La tierra es un hogar… cálido, generoso, espléndido… Necesita que nos hagamos uno con ella, para honrarla como a la madre que es, entregarle toda la ternura y hacer que cada forma de la vida, perdure.

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