Miércoles, 19 Dic,2018

Opinión / DIC 06 2018

Todos somos PCC

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El Paisaje Cultural Cafetero, PCC, no solo es un conjunto de agrestes condiciones geográficas donde se desarrolla la caficultura de montaña que da origen al más delicioso café del planeta engalanado en una hermosísima campiña propia de otro mundo; es un reconocimiento de la Unesco no solo al idílico paisaje, sino a las muchas generaciones de hombres y mujeres que han forjado en medio de muy difíciles condiciones topográficas y económicas unas parcelas productivas únicas y unos saberes que los hacen diferentes.

Pero este gran reconocimiento nos atañe a todos, pues es claro que el número de visitantes de todo el mundo interesados en conocerlo se ha incrementado significativamente y con él, muchos renglones de la economía se verán beneficiados, es pues esta una gran oportunidad para mostrarle al mundo de lo que estamos hechos, no le tememos a los retos pues se hicieron para enfrentarlos, a los obstáculos pues se hicieron para superarlos, a las tristezas porque nos permiten reconocer el valor de la sonrisa, y a la gente mala porque los buenos son más.

Es la ocasión propicia para mostrar a propios y extraños toda la riqueza de nuestros pueblos, campos y ciudades, sus calles limpias y apacibles, los balcones coloridos, el verde de nuestros campos, nuestros mágicos atardeceres, las aguas cristalinas de nuestros ríos y quebradas, la danza de los guaduales y el canto de las aves saludando un nuevo día, nuestro comercio variado y pujante y la amabilidad propia del paisa con una sonrisa siempre a flor de piel.

Somos acomedidos, barequeros, avispados, botaratas, tirados pa’lante, frenteros, lambones, pispos, un poco exagerados y amigos del billete, pero estos atributos y muchos más de los que no quiero presumir, solo deben servir para atraer más y más visitantes, para que se sientan cómodos, tranquilos, bien atendidos, seguros y hablen bien de la región y consideren seriamente regresar en un futuro cercano, pero que nuestro amor por el dinero no nos lleve a tratar a las personas de acuerdo a su estrato socioeconómico, que nuestra costumbre de exagerar las cosas no nos haga aplicarle a un producto características que no corresponden solo con el propósito de elevar su precio y que ‘lo avispados que somos’ pretenda solo nuestro beneficio por encima del respeto y la honestidad que nos deben caracterizar siempre, si somos más avispados seremos más inteligentes, más educados y eso necesariamente nos hará más ricos.

Así pues, en el propósito de consolidarnos como destino turístico del mundo, todos debemos aportar aún desde la sencillez de nuestros oficios, brindando siempre lo mejor de nosotros, nuestra calidad humana, nuestro abrazo sincero, nuestra palabra oportuna y veraz, nuestra cálida sonrisa, y una mirada limpia. 

Que nos visiten por nuestros paisajes y regresen por la gente buena que en esas laderas habita y te atienden como a uno más de la familia, como el parcero del alma y deguste con nosotros de un calentao apenas desborde la aurora, de unos frijolitos con garra, de una mazamorrita con panela, de un hogao con arepa, al ritmo de unas trovas paisas y un delicioso café de nuestras empinadas montañas.


Julián Alberto García Lozano
Columnista invitado

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