Sabado, 20 Jul,2019
Opinión / MAY 15 2019

Un parque con recuerdos

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

De la tragedia de 1999, sacudón físico, social, económico, brusco golpe de timón en el rumbo regional agonizando el siglo XX, de sus múltiples consecuencias, poco se recuerda. En Villacacique, en la reconstrucción material de la entrañable Calarcá, sin desconocer aciertos, se incurrió en errores jamás evaluados ni subsanados, orígenes a su vez de secuelas que aún gravitan en el interés colectivo.

Mencionemos algunos: uno, el diseño de la nueva galería, desde entonces objeto de intervenciones ‘correctivas’ —abusivas, diría yo—, o de adaptación al interés comercial de terceros, convertida hoy en un pastiche impresentable, en evidente abandono, disonante y por completo disfuncional dentro del conjunto urbano; dos, el rechazo por parte de la administración Orozco a la construcción de una sede digna, técnicamente concebida, para la alcaldía municipal, espacio pulmón en el centro de la ciudad —por cierto, el fallido proyecto obtuvo en su momento distinciones por su diseño arquitectónico—, que prometía aportar primor estético y reactivación del sector, en terrenos del antiguo colegio San José; tres, la ubicación de la ciudadela educativa del sur, aún hoy desarticulada respecto al eje vertebral del área urbana. Equivocaciones de responsabilidad compartida entre la gerencia zonal, Fenavip, las alcaldías, y la ciudadanía, poco apersonadas del destino local.

No lloro sobre hechos cumplidos de imposible refacción. Los empleo más bien para poner de relieve y celebrar el éxito mayúsculo de una afortunada decisión tomada en medio del desconcierto y del dolor en aquellos días. Quién o quiénes la tomaron y la ejecutaron, lo desconozco. Alguien quizás reclame su autoría o intervención directa, pero obviando méritos personales, queda la bella, la lograda realidad del que tendría que ser llamado Parque del Recuerdo, de la Esperanza, o Nueva Calarcá. Los habitantes de la Villa, hace dos décadas, recordarán la profunda —¡ciertamente miedosa!— depresión topográfica que se abría al costado derecho del acceso al barrio Veracruz, por entonces de reciente construcción. Días después del terremoto, muchos observamos el creativo destino de cientos y cientos de toneladas de escombros, producto de remociones y demoliciones; meses más tarde, tras acumular el continuo descargue de las volquetas, la tétrica oquedad se transformó en planicie, acercándose al nivel de la calle. No puedo precisar tampoco en qué momento, en cuál de las administraciones, el relleno se adaptó como espacio polideportivo, con cancha de baloncesto, fútbol, precarias graderías, juegos infantiles y una pequeña área cubierta. El hecho a resaltar hoy día es el multitudinario uso de la instalación, pese al deterioro por carencia de mantenimiento, para actividades físicas en varias modalidades. 

Quien desee alimentar esperanzas respecto a las nuevas promociones calarqueñas, visite el parque cualquier noche. Hallará una población vibrante, practicando patinaje, disputando balones, haciendo yoga, activando energía corporal. Los asiduos usuarios tal vez lo ignoran, pero están edificando su propia ciudad, su renovado hábitat, sobre las ruinas de otra Calarcá ya extinta. 


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