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Un voto cantado

Autor: Jaime Hoyos, M.D.

Animarse a cantar el voto por algún candidato puede ser arriesgado. Se puede correr el riesgo de pasar del anonimato al desprestigio, por ejemplo. O se puede correr el riesgo de despertar suspicacias de las mentes agudas, que siempre quieren adivinar motivaciones oscuras detrás de los actos de los demás.

Y bien, qué le hacemos. De pronto sería peor callar sobre nuestras preferencias, sobre todo si se tiene en cuenta que cuando uno es opinador público tiene responsabilidades para orientar a la opinión pública. De suerte que, si se tiene la delicadeza suficiente para garantizar el respeto a las preferencia ajenas, los columnistas casi que tendríamos la obligación de contar por quién votamos y por qué.

Es por eso que, a contrapelo de quienes prefieren abstenerse de compartir sus preferencias (por razones también muy válidas), yo sí me animo a contar por quién voy a votar. Y lo hago con la intención de arrastrar votos, precisamente. Es algo así como “publicidad política gratuita”. Se trata de algo legítimo, bienintencionado y que a nadie hace daño.
Puesto esto en claro, quiero compartir con mis lectores mi decisión de apoyar a Rodrigo Vallejo (Conservador - 102 en el tarjetón) en su aspiración a la Cámara de Representantes. Se trata de un extraordinario candidato: contador público y abogado, que tiene una hoja de vida impecable y mucha experiencia en la vida pública, para ocupar con lujo de detalles la curul a la que aspira.

El doctor Rodrigo Vallejo, dos veces concejal de Armenia, es una de las personas indicadas para sanear el Congreso y para irlo depurando de tantas cosas malas y de su bien ganada mala fama. Allá llegará con propuestas concretas y con experiencia en la labor de cabildante, como curtido participante en los foros de la vida pública regional.

Este quindiano de lujo ha hecho una campaña pulcra, meticulosa, disciplinada y sin compromisos incumplibles para tratar de ganarse la simpatía de los electores y de paso su designación como Honorable Representante. Óigase bien: dije honorable. Qué bueno que siempre se pudiera presumir de la honorabilidad de los candidatos. Y en este caso podemos hacerlo, así que sin más rodeos ni argumentación, permítanme invitarlos a secundar esta legítima aspiración de un quindiano lleno de méritos, que bien se merece la oportunidad de representarnos.

Por el lado de candidaturas al Senado, y sin la menor intención de demeritar las aspiraciones de otros candidatos, también quiero anunciar mi respaldo a la candidatura de un líder salido de las entrañas del cuerpo médico; hablo del doctor Stevenson Marulanda, eminente cirujano y académico que tratará también de poner su valioso e incontaminado granito de arena en la tarea inaplazable de inundar el máximo recinto de nuestra democracia con personas valiosas, honestas y trabajadoras.

Es difícil incluir en una breve columna de opinión todas las razones y vivencias que nos inclinan a escoger y apoyar a un candidato, pero no es impropio ni ligero apelar a la credibilidad que pueda uno haberse ganado poco a poco con sus opiniones, para tratar finalmente de proponerle a los lectores que atiendan estas respetuosas sugerencias y se sumen así al propósito de hacer camino todos juntos por el bien de nuestro país. Anímense, vamos a votar. Y si nadie lo convence o nadie le gusta, pues a votar en blanco, porque como dicen por ahí: el que no vote, que después no se queje.


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