Jueves, 16 Ago,2018

Editorial / FEB 09 2018

Valorar al periodista

Nuevamente a las salas de redacción llegan este viernes mensajes e invitaciones con motivo del día nacional. Que la fecha sea para considerar el aporte de hombres y mujeres que dan su vida por el noble oficio de informar.

 

La fecha tradicional es el 9 de febrero, día nacional del Periodista, en rememoración a la publicación en 1791 del semanario Papel Periódico de Santafé de Bogotá, sin embargo por ley, la 918 de 2004, la declaración oficial es el 4 de agosto, ​en homenaje a que en 1789 fue cuando se elaboró por primera vez la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, documento traducido de forma clandestina por el prócer Antonio Nariño.

No obstante, la tradición de febrero prevalece, por lo que tanto veteranas como nuevas generaciones de periodistas hoy celebran su día, a pesar de la poca valoración que realmente le da la sociedad a uno de los más nobles oficios. Es la oportunidad para hacer una reflexión del trato que se le da a los profesionales, sean provenientes de universidad o empíricos, porque sin distingo han visto cómo se les ‘exalta’ en una fecha como hoy, pero que en el resto de la vigencia son objeto de precarias condiciones laborales y económicas, presiones de fuentes, autoridades, gremios, grupos económicos y de la misma opinión pública, que en ocasiones pretenden que solo se publique lo que ellos comparten o piensan, y que se omita lo que no les satisface.

Pues para quienes no lo saben, ser periodista es asumir una responsabilidad social, es entregar la familia, salud, tranquilidad y la vida misma por informar, algo que para muchos no tiene significado y por ello con el más absoluto desconocimiento menosprecian, señalan, condenan y hasta atacan con violencia, a los hombres y mujeres que se dedican a dar a conocer lo que está pasando en una ciudad, región, país o el mundo. ¿Cuántos han muerto por ejercer el periodismo, por informar? ¿Cuántos son silenciados?

Con calificativos desobligantes los tratan de chismosos, manipuladores, vendidos o corruptos, entre muchos más insultos, pero cuando un sector necesita que las autoridades vean la crisis que vive, los periodistas son a los primeros que buscan para tener una solución. ¿En cuántas ocasiones, la comunidad recurre para que se sepa que no tienen vía, existe inseguridad, hay peligro de un deslizamiento, no tienen buenos servicios? Igualmente, ¿cuántas veces los dirigentes, políticos, empresarios, líderes sociales y religiosos, gremios, entes de control, autoridades y los mismos gobernantes acuden a los medios de comunicación y a sus periodistas para dar a conocer sus necesidades, sus triunfos, sus avances, sus buenas noticias? Allí, los periodistas son ‘piezas fundamentales’ y de importancia, pero cuando son hechos noticiosos no muy alentadores para ellos, pasan a ser una ‘piedra en el zapato’, ‘mentirosos’, ‘manipuladores’, lo más bajo en la escala social.

No hay nada más nocivo para una sociedad que la falta de información. Sí, ha habido y hay personajes cuestionables en el periodismo, sin embargo de ‘todo hay en la viña del Señor’, o es que acaso no existen médicos, ingenieros, arquitectos, religiosos, economistas, contadores, administradores, abogados, obreros, entre muchos más, que han protagonizado acciones reprobables y que por eso están en la cárcel, o pagando sanciones.

No pretendemos que los periodistas sean vistos como personas con superioridad moral frente a los demás integrantes de la sociedad, pues son seres humanos que también cometen errores, por acción o por omisión, por conocimiento y desconocimiento, porque siempre, día a día, están en aprendizaje y retroalimentación. Aunque tampoco los medios de comunicación son los culpables de los males de la sociedad, como sectores lo quieren hacer ver. No se pide que se mire al periodista con lástima, pero sí con respeto, que la sociedad reconozca el valor que tiene, porque lejos de ‘pasar cuentas de cobro’, los casos de corrupción que la sociedad colombiana ha conocido, por citar un solo aspecto, han sido destapados por la labor de un periodista.

Y es la oportunidad para que los colegas también nos respetemos y nos unamos en defensa del bello oficio, cumpliendo con el rigor y dejando de lado los individualismos e intereses particulares, en la misión de que la tarea periodística, esa que consume 24 horas del día, sea exaltada y valorada en todas las esferas y no solo una fecha del año. Los gremios periodísticos deben liderar este cometido. En el día del Periodista, LA CRÓNICA envía un fraternal mensaje a todos los periodistas y comunicadores de la región, a aquellos que han partido, y a los que dieron y han dado su vida por informar, un sincero reconocimiento, porque “aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”, ¿no es así Gabo?

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