Domingo, 24 Mar,2019
Opinión / ENE 11 2019

Venezuela no futuro

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Venezuela, por sus reservas petroleras, de las más grandes del mundo, estaría llamada a ser una potencia al menos regional, sin embargo, a lo largo de su historia moderna se constituyó en un ejemplo dramático de lo que ha sido denominado ‘la maldición de los recursos naturales’ nacida de que no es fruto de un trabajo, de un esfuerzo humano continuado que construye riqueza material, institucional y social, sino de haberse ganado el premio gordo de la lotería de la naturaleza que la colocó en un escenario de alta vulnerabilidad e inestabilidad económica, donde su suerte está finalmente en manos de fuerzas externas que no controla, principalmente de mercados internacionales, una economía cuyo epicentro y motor no es el mercado y la producción nacional, sino la exportación petrolera fuente de sus ingresos en divisas que le generan otra dependencia de los mercados internacionales, ya no para vender, sino para abastecerse de los bienes que el país consume; el suyo es un escenario permanente de enfermedad holandesa movida al ritmo de los precios internacionales del hidrocarburo.

Una estructura económica con esas características generó una institucionalidad y gestión estatal, que desde el inicio de su era petrolera, en la primera mitad del siglo pasado, controlada por el monopolio estatal de la empresa pública Pdvesa, permitiendo el control estatal absoluto de la renta minera que representa un alto porcentaje de los ingresos y de la riqueza de la Nación. El resultado, una creciente dependencia del favor estatal para paliar la insuficiencia y el desequilibrio de la estructura productiva. Un Estado fuerte dispensador de favores y de posibilidades y una sociedad y un sector empresarial débiles, con lo cual la iniciativa ciudadana y empresarial depende de la gestión y el favor del poder central. Un poder que por lo demás y desde la guerra de independencia y la conformación de las nuevas repúblicas, siempre ha tenido una fuerte presencia e influencia del poder militar. Hugo Chávez fue un simple continuador de una tradición nacional venezolana con una casta militar con reconocimiento social y político, y protagonismo político.

Hugo Chávez, un militar con un gran instinto político y alma de líder mesiánico, conoce y trabaja el malestar en el seno de las fuerzas armadas con el desgaste de los partidos tradicionales y la completa deslegitimación de una burguesía acomodada al disfrute legal e ilegal de la bonanza de los precios petroleros. La gran disputa es por el reparto de una renta minera creciente. Ya en el poder, Chávez la reorienta con un gasto público fuertemente redistributivo, a través de programas, las famosas misiones, manejadas directamente desde la presidencia y con recursos de la renta minera a disposición del presidente. Un giro de 180 grados en la inversión pública venezolana, que le permitió finalmente a los sectores más pobres y abandonados beneficiarse significativamente de los mayores ingresos públicos por los mayores precios del petróleo; decisión política que la gente no olvida y que el gobierno supo capitalizar políticamente.


Juan Manuel Ospina
Columnista invitado


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