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Volver a casa y aportar

Autor: Carlos Miguélez Monroy

Durante varios años, analistas han afirmado que el crecimiento sostenido de China convertirá al país asiático en la economía más fuerte del planeta en 2040. Analizan en qué consiste este “milagro chino” y lo comparan con otros ejemplos de la historia reciente.

El milagro japonés consistió en imitar, producir más pequeño, más rápido y vender más barato. El milagro alemán se apoyó en la reducción de gastos, la convicción de los trabajadores de alcanzar la máxima productividad y medidas para conseguir un “Estado subsidiario” que sentaba las bases del Estado de bienestar: pensiones, educación y pleno empleo.
Para llevar a cabo nuevos milagros, los países emergentes tendrán que revertir las consecuencias de un planeta agredido y herido por un modelo neoliberal: hambre, pobreza, migraciones masivas, escasez de agua, guerras por materias primas y dinero rápido.

Sumadas, las poblaciones de los países emergentes alcanzan casi los 3.000 millones. Si las personas de estos países mantuvieran el estilo de vida y el nivel de consumo de los países desarrollados, tendríamos un caos ecológico y una sociedad global deshumanizada.
Los nuevos milagros se relacionan con la formación y la aportación de conocimientos donde más se necesitan. Desde la época de la descolonización, numerosos países han soportado la fuga de sus personas mejores formadas hacia universidades de las metrópolis. Muchos Gobiernos lo consideran un “expolio”, pues ellos han cargado con gran parte de los costes de formación de quienes van a universidades de países ricos y, muchas veces, se quedan allá por becas y facilidades como la residencia.

Esta tendencia empieza a revertirse en China, el país que más estudiantes envía a Estados Unidos, Canadá y Europa para formarse y luego volver. Los espías industriales ya no son necesarios. Traen los conocimientos en sus cabezas. Desde hace unos años, el Gobierno chino se ha esforzado por atraer estos talentos desde países extranjeros. Les ofrecen puestos de trabajo en universidades y centros de investigación con condiciones tan buenas o mejores que las que podían tener fuera. El regreso de esos profesionales formados contribuye al estrechamiento de la brecha tecnológica entre China y los países ricos. Además, China ha incrementado su inversión en Investigación y Desarrollo, que alcanza el 1,5% del presupuesto total.

La presión que tienen muchos estudiantes chinos a la hora de competir con sus compatriotas que podrían volver del extranjero y ocupar puestos de trabajo importantes ha despertado el afán de superación y el orgullo de los estudiantes que se quedan en su país. En sólo una década, se han cuadriplicado el número de trabajos científicos, la mitad que en Estados Unidos en la actualidad. Cerca de 5.000 científicos chinos se dedican a la nanotecnología y estudian carreras universitarias relacionadas con la ciencia y las nuevas tecnologías de la información en un mundo cada vez más interdependiente.

Rao Yi, biólogo chino de 47 años, dejó la Universidad de Northwestern (Chicago) y renunció a la nacionalidad estadounidense para convertirse en decano de la facultad de ciencias naturales en la Universidad de Pekín. Afirma que China está en un periodo de búsqueda, mientras Estados Unidos se ha instalado en la autocomplacencia y ha perdido su liderazgo moral después del 11-S.

*Periodista y coordinador del CCS.

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