Lamentablemente los corruptos de este país maravilloso le robaron ese derecho a miles de ciudadanos derrumbados unas veces por la pobreza, otras por la ignorancia política. Esos mismos promotores de la perversidad contra la democracia han sido causantes del incumplimiento de los ciudadanos al deber de votar en las elecciones.
El ignaro es una persona que para el caso de un proceso electoral, desconoce por completo la materia. No ha recibido sobre ella ninguna instrucción, no tiene otro conocimiento que el infundado por los inescrupulosos que tantas veces han herido de muerte la democracia. Guerrilleros y paramilitares han lacerado con vileza la democracia en todas aquellas regiones en las que por varios años han impuesto su voluntad. Ladrones de los derechos ciudadanos, responsables en otros casos, del no cumplimiento del deber ciudadano de votar.
La infamia y la ignomia son el efecto de la afrenta pública que hacen los compradores de votos. Los que obligan a la gente a votar contra su voluntad. Como lo hacen los vinculados a la cosa pública por contrato. Esos pobres seres a quienes se viola hoy domingo 14 de marzo sus derechos. Los que tienen que irse a barrios y veredas, de pueblo en pueblo, a responder por un determinado número de votos porque así fue como quedó establecido en el compromiso con sus empleadores y como única salvación de un trabajo —así sea por contrato—, trabajo que en ningún momento puede ser digno porque estas formas de la corrupción son las más proclives y con las que se humilla y lacera la dignidad de los pobres ciudadanos obligados por sus victimarios a votar y a conseguir votos. Eso hacen los pillos inescrupulosos que manejan el aparato público para constreñir y forzar a los electores.
Eso está sucediendo en Colombia. Lo saben los organismos de control y vigilancia y hasta los miembros de las juntas que se reúnen para la vigilancia electoral en los días precedentes al de unas elecciones como las de hoy. En Colombia, dice nuestra Constitución, “los ciudadanos votarán secretamente”. Hay miles de casos en los que no lo pueden hacer en secreto, porque le tienen que dar a los perversos que les consiguieron un empleo infeliz por el que tienen que entregar el voto pero sin que con él se favorezca o proteja la democracia.
La organización electoral colombiana conforme a la estructura del Estado cumple con la obligación señalada en la constitución de suministrar igualitariamente a los votantes todos los instrumentos indispensables para la votación, desafortunadamente es la manipulación de los empresarios electorales, la que descompone el sistema y la que finalmente desvirtúa el espíritu constitucional.
En Colombia se han tenido que anular muchas veces elecciones; ha sucedido en muchas regiones del país, aquellas en las que los delitos contra el sufragio no han podido cobijarse con la impunidad. Empero hay otras regiones de la patria afectadas por el imperio de la maldad, del nepotismo y la infamia, sumidas por los arrebatos corruptos que finalmente dan al traste con los mejores resultados electorales. Es cuando “democráticamente”, se elige a personajes siniestros que para nada sirven y que ningún beneficio le prestan a la república.
Amigos del Quindío: Votar es un derecho que podemos ejercer hoy. Hagamos hasta lo imposible en medio del orden y el respeto a los semejantes, por votar al contrario de lo que quieren los malos hijos de la patria. Cumplamos con el deber de votar haciendo caso omiso a las consejas de los compradores de votos, vende patrias y aliados del mal y a quienes hay que condenar hoy votando libremente, con criterio y por la salvación de Colombia.