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Editorial / JUL 07 2016

¿Y el homenaje a Ancízar?

Se están celebrando los cincuenta años de creación del departamento del Quindío y todo parece que a nuestros gobernantes, a nuestros líderes cívicos y hasta a nuestros ciudadanos se nos olvidó la figura del primer gobernador Ancízar López López.

Este nombre, tan importante en la historia del departamento, no aparece en los agasajos y en los homenajes que se cumplieron y que se deben cumplir.

Ancízar López no solo fue el primer gobernador del departamento del Quindío, sino que dio una lucha titánica para que ese querer de los quindianos fuera una realidad. Participó como ninguno, en su condición de alcalde de Armenia en la pelea que se dio en el Congreso de la República cuando se presentó por primera vez el proyecto, en 1958.

Cuando terminó su período de alcalde, se hizo representante a la Cámara por el partido Liberal, y desde entones luchó sin tregua por volver a presentar el proyecto, que fracasó en 1962, transformándose en la creación de la Corporación Autónoma Regional del Quindío.

En 1965, siendo representante a la Cámara, él mismo redactó el proyecto de ley, y con Silvio Ceballos Restrepo, fueron un dúo en la comisión primera para que esta lo dejara aprobado con rumbo a la plenaria.

Fue ponente en la plenaria, donde, por su tenaz trabajo con los demás congresistas, pasó sin mayores reparos. Él mismo, junto con Humberto Cuartas Giraldo, otro olvidado de esta gesta, y Silvio Ceballos Restrepo, a quien tampoco nombran ahora, logró que el 70% de los concejales de los municipios que compondrían el nuevo departamento, firmaran el documento legal que les permitió presentar el proyecto.

Cuando el proyecto llegó al Senado, Ancízar López, que ya no podía participar en los debates, se volcó a convencer a los parlamentarios de la costa Atlántica, del Valle del Cauca y de Antioquia, para que le dijeran sí al proyecto.

Por su enorme trabajo, por su tenacidad y su insistencia, fue que el presidente Guillermo León Valencia lo nombró gobernador, a pesar de que existían candidatos de mucho peso como Hernán Palacio Jaramillo, para entonces alcalde de Armenia y Jesús Arango Cano, que por razón del pacto del Frente Nacional y su militancia conservadora, no podía ocupar el cargo.

Su gobierno buscó los recursos donde se debía, en el momento: el gremio cafetero. Uno a uno, peso a peso, fue la política que creó Ancízar para que el gobierno pusiera el 50% y los cafeteros el otro 50% y poder realizar las obras que el Quindío necesitaba.

En esos años de Ancízar como gobernador y después como senador de la República, el departamento tuvo un gran desarrollo económico y de su infraestructura de vías, educación, salud y saneamiento básico.

Muchos enemigos tuvo Ancízar, sobre todo al final de su vida, y con razón. Acaparó todo el poder, se le llamó el Cacique, utilizó los auxilios parlamentarios, el clientelismo y las canonjías de la burocracia para mantenerse vigente, eso es verdad.

Pero no por esa razón podemos desconocer su obra, su enorme aporte, su lucha por conseguir que estos municipios del sur de Caldas tuvieran una vida independiente, para lograr su desarrollo económico y social.

Muchos intereses tuvieron los creadores del departamento, personales, grupales, gremiales, políticos, económicos, pero por encima de todos ellos, estaban los intereses colectivos de una región que vivía olvidada, en el ostracismo del centralismo de Manizales.

Por eso, nos parece que no se ha hecho justicia con este hombre, Ancízar López, cuyo nombre se confundió en el país como un sinónimo del departamento del Quindío.

Su secuestro y su muerte trágica debieran también de ser motivos para que el homenaje fuera mucho más grande. Pero no ha sido así. Queremos rendirle nuestro homenaje, desde esta columna, con las palabras de su única hermana viva, Marina López López, en entrevista que concedió a este medio: “Ancízar fue un excelente hermano. Cuando murió mi padre, mi mamá y todos mis hermanos le pedimos que se encargara de las fincas y los negocios. Y lo hizo con eficiencia y honradez. Cada mes, recuerdo, nos reunía a los hermanos, nos hacía las cuentas de las fincas y nos entregaba un cheque de lo que a cada uno nos correspondía. Lo amábamos profundamente”.

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