Jueves, 17 Oct,2019
Opinión / SEP 18 2019

¿Ya se definió?

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Sin amor y dedicación es imposible realizar sueños. Cuando cada cuatro años vuelvo a observar las aspiraciones políticas, intento leer entre líneas: actitudes, discursos, forma de hacer campaña, el amor que esa persona tiene hacia su tierra y el respeto hacia la gente. Nunca se me olvida que, hace unos años, alguien que ostentaba un importante cargo me respondió a una sugerencia cuando dentro de su programa de gobierno había un tema que ameritaba una consulta popular: le sugerí que aplazara la consulta y dedicara un tiempo a mejorar la pedagogía respecto a lo que se le proponía al pueblo, puesto que la gran mayoría no entendía de que se trataba; muchos me preguntaban cómo debían votar y esa no es la idea de democracia; su respuesta fue: “El pueblo no necesita más tiempo para entender, porque simplemente nunca va a entender, eso es perder tiempo y plata”. Me pareció ofensivo y hasta hoy, en mi más íntimo sentimiento pienso que en el tema había algo oscuro.

Al perseguir una silla del poder, es entendible el deseo de triunfar: obviamente al entrar en competencia se ponen todos los medios para salir avante y así debe ser; sin embargo, el triunfador debería ser el mejor o al menos estar en una baraja de los mejores. Falta ver si ese es el criterio que el pueblo emplea para definir: ¿El que garantizará puesticos?, ¿el que odia a gran parte de la población y polariza porque no piensa como él?, ¿el que ostenta un poder económico y además político y deja entrever unos dientes amenazantes? Porque hasta ahora parece ser que esas son las ‘grandes cualidades’ que el pueblo apoya y quizás por eso la respuesta tan irrespetuosa del personaje de la anécdota: lógicamente y como siempre con algunas excepciones de algunos que algo tratan de hacer, terminando aplastados por la maleza. 

Cuando inició la era de Uribe, la mayoría lo apoyó —ver cifras—  No había una polarización tan macabra como ahora porque era claro quién era el enemigo —narcotraficantes, paramilitares, corruptos— y el encargo del pueblo fue acabar con ese flagelo; después de la era Santos, nunca había vivido nuestro país una desinformación y corrupción tan graves y era de esperarse, pues la reacción de tantos personajes nefastos, combatidos, iba a llegar con toda la carga de sociopatía y odio hacia las instituciones y se bajó la guardia. En todas partes del mundo a la autoridad se respeta: aquí es una burla constante, una demostración de anarquía y un idioma inaceptable. Por eso, aprendamos del ayer y reaccionemos; busquemos a un buen personaje firme, sano, amoroso, respetuoso, leal. Parece haberlo, siga a su sentido común; no se arrodille ante nadie.

 


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