Opinión / Febrero 09 de 2012

¿Para qué el día del Periodista?

Los más grandes periodistas del siglo XX celebraron el 9 de febrero el día del periodista y si quienes escribieron la historia exigieron con vehemencia la libertad absoluta de prensa, por qué no nosotros apenas capaces de pedir una moderada represión.

Hoy es el verdadero día del Periodista en Colombia y no habrá circunstancia o teoría que nos conduzca a cambiar la celebración. En una época coyuntural de la política mezclada de corrupción y nepotismo, no puede ser posible que el periodismo ceda para que se quebrante la memoria nacional del oficio que escogieron quienes se dieron al menester o trabajo que Albert Camus llamó “el más hermoso del mundo”.

Más que galardones reclamemos acciones contra la impunidad, legitimidad en la democracia, aplicación de la justicia a los delincuentes que se introducen al poder político del Estado para manosear las instituciones de la República y para arruinar los más caros insumos del sistema participativo del pueblo en las decisiones del gobierno y del Estado mismo.

Esta fecha clásica de la profesión llama a la reflexión de las empresas de comunicación e información en todas sus líneas y de los periodistas que están a su servicio. Hay mucho por cambiar y una forma de empezar el cambio es observando y conociendo detalladamente qué se está haciendo bien en el devenir diario de nuestro trabajo y qué cosas se deberían mejorar.

Resulta traumático para el buen nombre del periodismo colombiano la entrega de horarios y programas en radio y televisión especialmente, que en vez de trasmitir productos de calidad periodística y de contextura informativa, se ponen a la disposición de mezquinos intereses utilizando con non santos propósitos a personajes de la picaresca mediocre que no saben ni entienden del oficio y que lo desvirtúan por el manejo de agendas mediáticas que ni siquiera ellos mismos alcanzan a comprender.

Las asociaciones de periodistas están llamadas a velar por la profesionalización y el ejercicio ético del oficio, lamentablemente, existen organizaciones gremiales creadas y conformadas por personas de la misma baja y reducida calidad moral, ética y profesional.

Una necesidad que se hace patente en nuestros días es mejorar la calidad de la información. Los públicos lo perciben como tema prioritario y por respeto a las diferentes y sectoriales audiencias, se hacen indispensables los criterios de noticiabilidad, de fuentes informativas y tratamiento de la información.

Un periodismo con fuentes simplemente callejeras está mandado a recoger. Un oficio ejercido para la diatriba y el estímulo a los odios, a las venganzas personales y al panfleto, no puede llamarse periodismo porque no aporta parámetros críticos que le sirva al periodista para enfrentar el trabajo cotidiano de seleccionar temas y trabajarlos con honradez absoluta, de reportear con la inteligencia, la dignidad y el respeto a que se está obligado en la reportería y para elaborar y presentar a la audiencia las informaciones a las que tienen derecho por norma constitucional, el derecho del colombiano a estar bien informado.

Cualquier periodista experimentado es capaz de reconocer el buen periodismo de manera intuitiva. A los periodistas que hacen del oficio una maestría diaria, a los expertos profesionales de todos los tiempos, a los maestros del oficio y a todos y cada uno de los exponentes de las nuevas generaciones provenientes de las diversas facultades de comunicación y periodismo existentes en Colombia, llegue hoy nuestro fraternal abrazo.

No olvidemos que concentrar la atención en los hechos de reciente ocurrencia, es dejar un poco las noticias atemporales, las que no pueden perder vigencia por sus características y que requieren de mayor investigación y responsabilidad periodística. El 9 de febrero es un día para nuestras propias y profesionales reflexiones.

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