La empresa Odinsa presentó el proyecto para la construcción de la doble calzada Calarcá-La Paila, una obra que viene reclamando el país económico y la región desde tiempo atrás. Lo hizo ante la Agencia Nacional de Infraestructura, como una iniciativa privada, y en virtud de la ley.
No se había terminado de presentar el proyecto y ya había voces discordantes en el Quindío, provenientes de dos importantes sectores: el gremial, representado por la Cámara de Comercio, por un lado, y la gobernadora Sandra Paola Hurtado Palacio, por otro. Han dicho los representantes de estos dos sectores que el proyecto sacaría al Quindío del ámbito de influencia económico que tiene la carretera en la actualidad. No cabe duda que las dos posiciones, contrarias al proyecto tal y como quedó diseñado, tienen la buena fe de la discusión y el debate, pero no menos verdad es que hasta el momento no han mostrado argumentos contundentes para oponerse a la inviabilidad de la nueva vía.
Lo primero que se debe entender es que este no es un proyecto regional. Aquí prima el interés de la nación frente a un reto enorme como es la urgente necesidad de ser más competitivos frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y otros tratados que están vigentes y los que vienen en camino. Y lo segundo, analizar la región con una verdadera visión de futuro, frente a un departamento que se descose en su histórica posición económica y social.
El trazado de la nueva vía es de enorme importancia para el futuro del Quindío. Hoy, la vía por La Bella-El Caimo-El Campestre no genera una actividad contundente, más bien grandes problemas de accidentalidad, contaminación y hasta prostitución. En cambio, el nuevo trazado por la cordillera, al otro lado del río Santo Domingo, entre Calarcá y Barcelona, conectando con El Alambrado, provocaría grandes beneficios. Los municipios de la cordillera quindiana tendrían una gran alternativa de comunicación, expedita con la región y el país, lo que haría de su producción agrícola un potencial real. Se liberarían los corredores turísticos de La Bella, El Caimo, El Campestre de la enorme carga que representa un millón de tractomulas emitiendo ruidos y exhalando gas carbónico. Esto, por supuesto, expandiría su atractivo paisajístico de tranquilidad.
La vía está diseñada con trazados generosos, que pondrían por ella todo el tráfico pesado con posibilidad de viajar a 100 kilómetros por hora, mientras que dejarían la antigua carretera para el tráfico liviano del turismo. Además, el trazado contempla conexiones importantes por el corredor de Maravélez con el aeropuerto, la zona franca y el asentamiento industrial de La Tebaida.
Terminado el túnel de La Línea, toda la zona entre Calarcá y El Alambrado tendrá que generar un importante centro de logística para ese tráfico pesado: talleres, restaurantes, dormitorios, zonas de almacenamiento, etc. Por supuesto que la generación de actividades y de empleo obliga a los empresarios nacionales y regionales a mirar al Quindío como un centro de producción de bienes con valor agregado, productos para el mercado externo, centro de exportación, ensamblaje y distribución.
Todas las ciudades del mundo han sacado de su influencia directa el tráfico de carga pesada. Armenia y Calarcá no pueden ser la excepción. No hay que oponerse, hay que unir voluntades en aras del desarrollo vial del país y los beneficios que esto le traerá a la región. Es pertinente citar a Armenia a Odinsa, Autopistas del Café, Invías, ministerio de Transporte, la Agencia Nacional de Infraestructura para que con los gremios e instituciones públicas y la ciudadanía se enseñe el proyecto y se debata ampliamente. Invitamos a la gobernadora y a la Cámara de Comercio a promover un debate, una discusión general sobre el tema, con todos los actores del departamento, para que se avance en la claridad y se unan voluntades en bien de la región.