Un profesor del Quindío fue declarado responsable disciplinariamente por la procuraduría, hecho que propició una discusión en el departamento sobre una supuesta ‘injusticia’ debido a que en muchas ocasiones los estudiantes abusan sin control y castigo alguno, mientras los ‘profes’ son sujetos a investigaciones, sanciones y hasta amenazas.
El ente resolvió que el docente de lenguas modernas de la institución educativa Teresita Montes, sede Juan Pablo I, de Armenia, se extralimitó en el ejercicio de sus funciones al agredir física y verbalmente a un estudiante. El educador fue destituido por dos meses.
No estamos justificando la posible extralimitación del docente ni cuestionamos la decisión del ministerio público, estamos tratando de abrir un debate que se debe dar en la región y país, de un fenómeno que ha crecido en los últimos años y que se puede catalogar en una pugna entre educandos y educadores, la que debe merecer una atención especial de la sociedad.
Para ilustrar el tema, no sobra retomar algunos de los comentarios de nuestros lectores en la página web, que resumen lo que muchos ciudadanos piensan sobre el tema. Así, ‘Braye’ dijo: “Hay leyes demasiado débiles frente a los adolescentes. Ellos pueden pisotear al profe como viene en gana. Lo mismo le está pasando a los policías no los respetan!... ¡Se le salieron de las manos a la sociedad! Solo imagínense qué le habrá dicho al profe...”; o lo aseverado por ‘antonioruizvelez’: “Este es el resultado del exceso de derechos y beneficios frente al mínimo o inexistente de responsabilidades. Nuestros jóvenes andan por doquier sin respeto de la autoridad, sin valores, sin normas, protegidos por miles de normas y leyes que les garantizan total impunidad pero cero responsabilidad, en el aula hay que soportar casi que humillaciones al abandono de algunos rectores y coordinadores”.
O ‘IPIALEÑA’: “Este es el famoso resultado de la ley de Infancia, una alcahuetería para los alumnos, quienes hacen y deshacen en las instituciones educativas y los que pagan son los docentes o coordinadores que luchan a diario por impartir una educación integral a estos jóvenes... Ah qué injusticias, los alumnos insultan, maltratan, amenazan y los docentes callados, pero si el educador o coordinador reacciona como ser humano, ahí viene el verdadero problema: sanción o destitución para el educador?... Qué pasa con las leyes? Por eso estamos como estamos”.
Ya en editoriales pasadas, como la del ‘Delito menor’, afirmamos que el código de infancia es ‘criticado’ pues la sensación en la sociedad es que este documento, que tiene un loable propósito, se ha convertido en una especie de ‘alcahuetería’ para los menores.
Igualmente, hemos denunciado sobre cómo los docentes son vulnerables no solo ante un grupo de sus alumnos sino también frente a las bandas criminales, como lo acaecido este año, cuando unos profesores fueron intimidados y extorsionados por unos delincuentes.
Los sindicatos han denunciado que los docentes son víctimas de otras acciones que atentan contra la integridad y su salud. El estrés, las jornadas laborales y otros, han sido las causas para que ellos manifiesten enfermedades que los merman en sus capacidades.
No justificamos al docente ni tampoco condenamos al estudiante, pero esta situación debe aclararse para que se aplique la justicia. No podemos estigmatizar a todos los maestros ni a todos los jóvenes, sino abrir el debate, analizar y buscar salidas.
Necesitamos de una evaluación y reforma al código de infancia, partiendo desde las mismas familias, las que tienen la obligación de sembrar en sus hijos los valores y principios, y se debe diagnosticar la situación de los actores del sistema educativo, en el que se comprometan administraciones, personería, defensoría, Icbf y demás, para que erradiquemos de las aulas este fenómeno que amenaza con ser parte de la cotidianidad. Si ello no se hace, podremos estar en el lamentable escenario y en primera fila, de la ‘pelea del siglo’: docentes vs alumnos.