Aunque los casos de borrachos al volante en el Quindío no han merecido tanta publicidad como los de otras regiones del país, pues afortunadamente nuestros ebrios han sido detectados antes de protagonizar un fatal suceso, no significa que estos casos no se registren en el departamento.
Según cifras de Setta, en lo corrido de 2012, 78 conductores fueron descubiertos mientras manejaban un vehículo con unas copas de más, mientras que en el Idtq registra 68 comparendos por esta falta.
Las cifras hablan por sí solas y demuestran que a pesar de las campañas y los aciagos eventos en otras ciudades del país, los quindianos seguimos tomando y no precisamente conciencia.
Hemos visto en el país senadores con ínfulas de grandeza, policías con reprochables conductas y ciudadanos irresponsables que siguen con su aterradora conducta de beber alcohol y creerse luego un ‘Montoya’, que a toda velocidad terminan estrellados contra cualquier poste, muro, separador o un vehículo, e infortunadamente causan muertes a sus acompañantes o a otros ciudadanos que tristemente son víctimas de sus actos insensatos.
Todos los ciudadanos nos conmocionamos con estos hechos y los rechazamos al unísono, sin embargo cada semana los casos no dejan de presentarse, lo que demuestra que muy poca conciencia tomamos de la problemática y que al momento de estar con una copa en la mano y otra en el volante, una minoría es la que se detiene a pensar para entregar las llaves. “Yo prendido manejo mejor”, es el lema del potencial borracho homicida.
El consumir alcohol sin medida es ya un problema, el que se agrava con la mezcla de gasolina. Álvaro De la Espriella Arango en una columna del diario El Heraldo de Barranquilla afirmó que mientras en otras sociedades los conductores ebrios son castigados con penas ejemplares, en Colombia esto no deja de ser una leve sanción, a pesar de que haya puesto en peligro no solo su vida sino la de muchos conciudadanos.
Compartimos lo del especialista, pues hemos malinterpretado el tema de los Derechos Humanos y confundimos la libertad con el libertinaje. Así, se suprimieron como delitos una serie de conductas y se convirtieron en contravenciones. En consecuencia, se han rebajado penas mientras los delitos crecen y con ella la irresponsabilidad y el cinismo de algunos ciudadanos que se pavonean beodos por las autopistas. Recordar al honorable senador Merlano, quien conducía al parecer borracho y sin pase.
Los 'honorables' congresistas, el pasado 5 de julio promulgaron la ley 1548 de 2012 por medio de la cual se modificaron las leyes 769 de 2002 y la 1383 de 2010 sobre temas de embriaguez y reincidencia, en la cual la pena mínima para quien sea detectado ebrio y al volante es la suspensión de su licencia de conducción de seis a doce meses.
No obstante, las penas siguen sin ser ejemplarizantes, enérgicas, radicales y la sociedad exige que la cárcel sea el destino para quienes sean detectados ebrios o que por ello causen tragedias fatales. ¿Quién mengua el dolor de una familia que haya sido víctima de un borracho al volante?
No más permisividad y falta de autoridad, por lo cual se requiere que las autoridades ejerzan su misión sin excusas, puesto que serían ‘cómplices indirectos’ de los actos de estos inconscientes. Incrementen sus campañas y los controles para descubrir a los ebrios. Se debe entender que no es una persecución para los conductores sino una medida para erradicar a los insensatos que atentan contra sus semejantes.
Finalmente, autoridades correspondientes tengan presentes que: “Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”, artículo 2 de la Constitución de Colombia.