Timochenko, siniestro conductor de las Farc aparece como parte de la maleza humana que rechaza y condena la humanidad por su sevicia criminal, por los graves y permanentes delitos contra los campesinos, contra las instituciones de la nación y en menoscabo del bienestar general del país. Timochenko es la más nueva vergüenza quindiana. Los actores más respetables del mundo condenaron los crímenes cometidos la semana pasada por las fuerzas delictivas que comanda el delincuente de marras. Diversos sectores de opinión del mundo sentaron enérgica protesta contra la organización delincuencial y sus jerarquías.
Estados Unidos y Unasur fueron los primeros en condenar los crímenes contra policías y civiles que fueron cometidos en menos de 24 horas, en los departamentos de Nariño y Cauca.
Los quindianos estamos obligados —cuando menos— a expresar nuestros sentimientos a los hermanos departamentos, a sus habitantes y autoridades y cómo una forma sutil de hacer sentir pena y rechazo a las actuaciones de las Farc, vergüenza del país.
Arreciaron los instintos criminales de las autodenominados Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y aumentaron la resistencia universal. El delegado de la alta comisionada de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, Todd Howland expresó su denuncia y rechazo a las actuaciones de la guerrilla colombiana y por eso cada manifestación institucional de esta naturaleza independientemente de lo que representa como solidaridad internacional, nos apena.
En otra oportunidad, cuando asumió Timochenko tras la muerte de Alfonso Cano expresamos aquí —interpretando un sentimiento regional— el esperanzador llamado de los quindianos al nuevo jefe de las Farc y coterráneo de quienes hemos nacido y vivido en esta parcela de la patria, para que cediera definitivamente y concertara una política de paz anhelada por todos los colombianos.
“No hay justificación para asesinar personas inocentes” dijo el departamento de Estado de Estados Unidos, en otra afirmación del desprecio que el mundo hace a las actuaciones de los estos delincuentes colombianos. Afortunadamente el país está respaldado en sus esfuerzos para poner fin al terrorismo. Lo que pasa es que en Colombia el marco de respeto a los derechos humanos es obligación en un solo sentido. El Ejército, la Policía colombiana, sus legítimas fuerzas armadas están controladas con severidad en el tema de los derechos humanos, pero en cambio los facinerosos quebrantadores de la armonía y la paz al interior de Colombia violan todas las normas; asesinan de manera cruenta y arrecian cada día en la comisión de crímenes de lesa humanidad.
Los primeros violadores de los derechos humanos en el mundo son las Farc y eso es bueno que lo mantengan claro entidades internacionales como la Unión Europea para asuntos exteriores que afortunadamente también condenó y rechazó los atentados terroristas y criminales de Nariño y Cauca en Colombia. Lo ha hecho la alta comisionada de ese organismo Catherine Ashton en un mensaje recibido por el gobierno colombiano.
El secretario general de la Organización de Estados Americanos, OEA, José Miguel Insulza también lo ha hecho. El G24 y los gobiernos de Francia, España y México. Sólo han permanecido en silencio los tutores de guaridas que cotejan el crimen y es por todo esto que nosotros los quindianos —con todo y lo pequeñitos que podamos aparecer ante el mundo— estamos en el deber moral de rechazar las actuaciones de las Farc al mando de Timochenco, porque ese tipo es otra vergüenza para los quindianos.