El Quindío es como un yoyo: sube y baja, pero lo grave es que con frecuencia se atasca en el hilo de la parte baja y le cuesta mucha dificultad volver a subir. En Armenia, las autoridades llevan más de dos años hablando de Ciudades Amables. Ya existe un organismo público municipal que se llama así: “Subgerencia de Amables”, pero lo cierto es que nada se basa en el predominio de los valores del espíritu y mientras tantas cosas suceden y tonterías se dicen, nadie anda empeñado en el esfuerzo por la recuperación del liderazgo en todos los órdenes de la vida regional.
El gobierno departamental empezó cumpliendo. En efecto, les prometió a los motociclistas urbanos que revocaría el decreto mediante el cual se había prohibido el parrillero en las motos y que limitó el tiempo para la movilización de estos aparatos en horas nocturnas y en efecto esa es una promesa cumplida.
La decadencia de ideas políticas, de la economía y el aumento de la pobreza, hace que no se encuentren más alternativas. Los efectos de esta medida se están sintiendo en Armenia; en muy pocos días la movilidad cambió para mal, porque el mototaxismo se incrementó inmediatamente y la anarquía sacude hoy a la capital quindiana con más notoriedad, pero ahora resulta que el problema es de la Policía y de las autoridades de tránsito.
Al paso que vamos, va a ser muy difícil que podamos ver satisfechos los anhelos colectivos. Van a resultar demasiado lentos los procesos y muy largo el camino por recorrer para recuperar la esperanza. Las autoridades de tránsito y tampoco la Policía, han podido amortizar el problema y no van a conseguirlo porque ahora se ven venir órdenes cruzadas por las que se terminará llegando a la anarquía en materia de transporte. Crece ahora la informalidad del transporte con todos los peligros, con los riesgos que implica un sistema de transporte público tan desconectado del mundo en que vivimos.
Impunidad, mediocridad, peligro para la vida de muchos por múltiples razones, pero como el que manda manda, ya están impartidas las primeras órdenes.
El Quindío va a tener que concertar una política que mida distancias y que contribuya a que cedan los poderes absolutos que en el departamento nadie puede tener. Un buen oficio de todos los gobiernos debe ser la disolución de la anarquía para que no se vuelva uno de esos poderes.
Armenia necesita un cambio ordenado y la autoridad local no puede actuar desde la mitad, sino estar a la cabeza buscando con todos los estamentos locales solución a los problemas del municipio capital.
Se tiene que partir del respeto a la dignidad de todas las personas y en general de toda la sociedad, para que pueda haber bien común, para que llegue y se vea el desarrollo económico; para que se pueda exaltar la espiritualidad y la riqueza pública. En todo caso, no habrá bien común si los empeños no son serios y menos populistas.
La administración pública, ninguno de sus sectores pueden abandonar lo esencial de la vida humana. El transporte público en el sistema mototaxismo, ni puede ser transporte y mucho menos público, porque a los usuarios del transporte hay que garantizarles el máximo de seguridad.
Esto huele a embeleco, pero las autoridades no tienen por qué preocuparse; si quieren solucionar el problema que ellas mismas han creado, pueden reversar la medida y buscar un sistema diferente para apoyar a los varios miles de motociclistas que hay pero a quienes no se les puede permitir que transporten pasajeros en moto.
Eso sí ni de vaina. Hay que ser claros y tener en cuenta que el orden es la base de la libertad y esta a su vez, la del desarrollo. Hay que resolver este problema en crecimiento, antes de que su gigantismo lo impida; y que quede bien claro, esto no es transporte público. Eso es un peligro público.