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La metamorfosis de la política


La transformación que hoy experimenta la política en Colombia se manifiesta más en las posturas intelectuales y obviamente por la conducta ética y moral de los actores militantes en los partidos de ayer, frente a los protagonistas de ahora.

Hace 50 años los políticos de provincia llegaban a Bogotá con ramas que olían a campo, con muestras de pueblo pero con desenfrenadas intenciones de surgir, de demostrar los valores de la inteligencia, que verbigracia se daba silvestre en Caldas, cuando los tres departamentos del Eje Cafetero de hoy eran una sola unidad territorial. El registro acerca de lo que representaban los parlamentarios o los activistas políticos militantes de los partidos tradicionales y uno que otro izquierdista que iba más allá de las ideas liberales, está en la historia política de Colombia.

Cincuenta años atrás los políticos asumían por convicción posiciones más severas en la crítica contra la que entonces era llamada oligarquía bipartidista colombiana de la sabana bogotana y en la que se refugiaban en armónica convivencia unos y otros. Lo malo de eso en la década de los años 50, era que en los pequeños pueblos y aldeas, en los campos de la patria, se derramaba sangre de inocentes campesinos liberales y conservadores por obra y gracia de la violencia fratricida en la que estaban comprometidos los dos partidos tradicionales de Colombia, vigentes hasta hace algunos años, toda vez que la de hoy es relativa.

Los políticos jóvenes llegaban a Bogotá y participaban en una vida de alegres travesuras, pero a la que se imponía el intelecto, porque había entre los capitanes y caudillos del partidismo el talento que les convertía en celebridades del pensamiento político de la época.
De todos los departamentos del país llegaron a la capital jóvenes que promovieron alzamientos contra la dictadura del general Rojas Pinilla. Universitarios pensantes, conflictivos, que cobraban relieve en los escenarios políticos porque además de tener verbo habían aprendido de la historia; eran jóvenes cultos capaces de descollar en el firmamento político de la patria.

Hoy las cosas son bien distintas. En esa época los jóvenes políticos eran también plumas substanciadas en Cervantes, García Márquez quien figuraba en la cúspide dentro de una generación de intelectuales que se daba en abundancia y que participaba en las aulas universitarias, en los auditorios de la época. En cada uno de ellos se notaba la existencia de una síntesis de avidez intelectual.

La metamorfosis permite que sea verificable la verdad de ayer y hoy. Ayer después de llegar a Bogotá los políticos de la provincia dejaban la batatilla y se convertían en hombres maduros compenetrados de sabiduría, en filósofos, en eruditos varones, en atletas del espíritu. Desafortunadamente a muchos les fue negado el honor de ser presidentes, por culpa de la inevitable envidia de las provincias. Eso es lo único que no ha cambiado. El padecimiento de unos por el bien ajeno se mantiene incólume en la sociedad colombiana. Semejante mal sigue siendo hoy la crónica enfermedad social de todos los tiempos.

Hoy no hay tribunos de enriquecido lenguaje; la erudición integral sobre el Estado de derecho, sobre las estructuras ideológicas que solían ser la base de los planes y proyectos de la política en Colombia, no cuenta, porque entre otras cosas no existe.

Lo que hay y en abundancia, son empresarios electorales, comediantes de una farsa montada por saineteros, que primero son requeridos y después aceptados en las tablas del teatro democrático en el que se soporta el establecimiento político del nuevo siglo.

Esta semana los estudiosos del país están mirando detalladamente la composición del Congreso. Senadores y representantes en quienes hay que confiar el manejo de la legislación colombiana a partir del próximo 20 de julio. De ellos, elegidos por nosotros dependerá el futuro de la nación colombiana deprimida por la decrepitud del poder, por el uso indebido de la economía del Estado, penetrada por los corruptos, una montonera de incultos para quienes su único objetivo ha sido de unos años para acá, el enriquecimiento ilícito, el aprovechamiento de los cuartos de hora que aceptan como privilegiada oportunidad de la democracia concedida a estos en malahora para la supervivencia moral de la República.

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