Editorial / Abril 12 de 2013 / Comentarios

Quindío: otra ‘Patria boba’

De pronto el Valle del Cauca propone otra vez cruzar la cordillera por Buga para llegar a Ibagué y nosotros nos quedaremos aquí, como siempre, peleándonos.

Es incomprensible que comerciantes, empresarios, políticos, gobernantes y ciudadanos del común del Quindío se estén oponiendo todavía a la construcción de una carretera con doble calzada y con inversión de $700.000 millones en nuestra región. Es la defensa de intereses puramente particulares en contra de los intereses generales del Quindío y del país.

Colombia tiene pensado, desde finales del siglo XIX, cruzar la cordillera Central para conectar a Bogotá con Buenaventura. Este propósito se lee en la correspondencia del empresario y político caucano, varias veces presidente de la República, Tomás Cipriano de Mosquera.

En 1913, hace 100 años, el Congreso de la República aprobó la ley 129 que en uno de sus apartes dice: “...se denomina Ferrocarril del Pacífico el que ponga en comunicación a Bogotá con el puerto de Buenaventura ...”. En 1915 el tren llegó a Cali, desde el puerto. Más adelante, en 1923, hace 90 años, se aprueba en el Congreso una nueva ley que ordena conectar la línea férrea de Zarzal hasta Armenia. “Junta Directiva del Ferrocarril del Pacífico procederá inmediatamente (...) a practicar (...) el estudio definitivo del trazado que arrancando de la línea Zarzal-Cartago, señale la ruta del ferrocarril hacia Ibagué pasando precisamente por Armenia, centro comercial del Quindío...”. Y se hicieron las líneas.

En 1946 el presidente Mariano Ospina Pérez reactiva el proyecto y se construyen 10 kilómetros entre Ibagué y Armenia y otros diez del otro lado: Armenia-Ibagué. En el caso nuestro, la línea atravesó la ciudad, entre la actual estación y el sitio La Explanada, en el caserío de Boquía en el municipio de Salento. Este proyecto abortó, luego del 9 de abril de 1948, pero básicamente porque la terminación de la Segunda Guerra Mundial trajo el predominio norteamericano en la economía del mundo y la creación del Fondo Monetario Internacional que dio créditos al tercer mundo con la condición de impulsar la construcción de carreteras para los camiones estadounidenses y todos sus insumos.

Y desde entonces, tratamos de conectarnos por carretera, con todas las dificultades habidas y por haber. Ahora, en el Quindío, se ven otros opositores a esa conexión. Nadie ha dicho que se cerrará la actual vía, ella seguirá abierta, vigente, con sus ramales con la proyectada que toma, unos metros antes de Versalles, por el oriente hasta llegar a Barcelona y cruzar el valle de Maravélez, para seguir por El Alambrado. Es una ruta para la carga, para ser competitivos frente a los TLC, mientras que la actual sería la ruta del descanso, del turismo, del paisaje, de la amabilidad.

El gobierno presentó esta semana las denominadas Autopistas de la Prosperidad, en el occidente y sur de Colombia, y por ninguna parte apareció Calarcá-La Paila. Está aplazada, no lo duden, y puede ser descartada, porque en el Quindío, como dicen en Bogotá los que deciden, es más fácil cuadrar a 100 micos para una foto, que poner de acuerdo a los gobernantes entre sí, a los políticos entre sí, a los empresarios entre sí, y, por supuesto, a unos con otros. Nos quedaremos en el olvido, mientras, de pronto, el Valle del Cauca propone otra vez cruzar la cordillera por Buga para llegar a Ibagué y nosotros nos quedaremos aquí, como siempre, peleándonos, como en la ya lejana ‘Patria boba’.

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