Domingo, 26 May,2019
Opinión / NOV 06 2017

A propósito de la paz…

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

"Los valientes que deseen lograr la paz, no temerán perdonar: Nelson Mandela".


La paz no consiste únicamente en el silenciamiento de los fusiles, en la terminación del conflicto armado, pasa por alcanzar justicia social, en la que todos tengamos garantizada la satisfacción de las necesidades básicas, igualdad de oportunidades y el trato digno que corresponde a todo ser humano. Buscar y gestionar la paz, requiere de decisiones políticas, acciones sociales y revisiones individuales. 

Ver la violencia a través de la televisión desde la comodidad del hogar, nos ha convertido a algunos de nosotros en indolentes cómodos, en simples espectadores, que pretendemos saber o conocer del sufrimiento de esos miles de compatriotas que han tenido que vivir en carne propia el horror de la guerra. Mismos que se manifestaron a pesar de sus pérdidas, heridas y miedos constantes a favor del perdón, de una oportunidad para trascender esa terrible realidad con la que convivimos por más de medio siglo. 

“No hay camino para la paz, la paz es el camino” afirmó Mahatma Gandhi, y en ese sentido, como individuos tenemos el deber no solo de exigir de quienes tienen el poder de decisión, una postura coherente con la paz para el país y la búsqueda del bienestar de la población; de acatar y contribuir con los procesos que propenden por la misma; además, es necesario que nos revisemos desde nuestras acciones y reacciones cotidianas con las que podríamos ser agentes de agresión o violencia en nuestros círculos o entornos más cercanos.

Hay una violencia que no deja victimas mortales, pero que hace hostiles los ambientes y propicia ánimos predispuestos a la confrontación y alteración constante que en nada conviene a la intensión de la gran mayoría de colombianos y legítima aspiración de todo ser humano de vivir en armonía, con tranquilidad, confianza y esperanza en venideros y prometedores días, en los que como construcción colectiva, forjemos una cultura de paz y de convivencia pacífica en la que el diálogo se imponga ante los desacuerdos, la tolerancia y empatía para que comprender al otro sea una práctica orgánica, en la que el respeto por la diferencia nos permita identidad individual y colectiva desde la pluralidad; pero sobre todo, en la que Estado y gobierno, sean garantes de políticas que disminuya día a día la desigualdad e inequidad social, que es de fondo la principal causa de la violencia, descomposición y males que padecemos hoy como nación.

Hay quienes por intereses mezquinos (la guerra es uno de los negocios más lucrativos y argumento para barbaries), pretenden mantener el odio y el escepticismo frente a la posibilidad de cambio. La contribución desde nuestro deber y ejercicio ciudadano responsable, exige disponernos a ser consecuentes con el ambiente y panorama actual en el que la intención de la mayoría es dejar atrás el pasado violento, pero serán nuestras pequeñas y grandes acciones que en el presente y a futuro permitirán materializar y mantener dicha intención. El cambio empieza en el corazón de cada ser, en la concepción de las cosas, en la postura frente al otro y las situaciones; todos podemos y tenemos la responsabilidad de construir paz a diferentes niveles, es cuestión de ser conscientes de las implicaciones de cada acción, de cada decisión. Como individuos y ciudadanos nos corresponde jugar un papel protagónico siempre en busca del mejor estar y mejor vivir para todos. 


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