Domingo, 22 Sep,2019
Opinión / ABR 17 2019

A ritmo de babosa

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El Ideam más que un organismo técnico científico parece un ave de mal agüero que se pone en contra de los más necesitados de Colombia, sobre todo en días como los de esta Semana Santa. Durante estos días el éxodo de vehículos que parten especialmente de Bogotá hacia las diferentes regiones del país y por un cruce de carreteras nacionales en su mayoría en buen estado, se estima en unos 9 millones.

¿Cuántos de estos van a pasar por el Quindío o llegarán aquí cargados de familias para pasar la Semana Santa vacacional? Lo sabremos cuando la Policía de Carreteras y el Instituto Nacional de Vías, Invías, informen a los colombianos cómo fue realmente el éxodo vehicular por los caminos de Colombia.

Lo que sí les puedo asegurar es que la movilidad en el Quindío marcha a ritmo de babosa. El tránsito vehicular muestra un flujo lento que se hace visible cuando los turistas se trasladan a los parques temáticos por unas vías bonitas, con paisajes que deslumbran, construcciones bellísimas, pero con vías angostas que no pueden atender las necesidades viales de la región.

Salento vuelve al colapso, su única vía no da para el tránsito que en doble sentido hacen turistas y habitantes de la región que encuentran en este municipio un buen destino. No se ve otra cosa que programas tapa huecos que se hacen con paladas de material y una pequeña máquina niveladora para que sufran menos los amortiguadores de los vehículos y las nalgas de los pasajeros.

Filandia, a pesar de su mayor organización y mejor carretera, recibe las afectaciones de la infraestructura vial construida en pequeño. Todo hay que verlo y llamarlo en diminutivo de tal manera que se justifique la pequeñez tradicional de gobernantes y políticos. Entre Filandia y Quimbaya la vía es muy bonita, pero igualmente pequeñita. Hay que ver el paso de babosa que se nota en las obras viales de Montenegro —por más que nos echen el cuento de que han avanzado mucho—.

Ni qué hablar de Armenia. No sé si los lectores sientan vergüenza cuando leen en señalizaciones viales urbanas, las que indican la ruta que conduce al centro cultural y turístico de La Estación. Me duele el alma cuando un turista pregunta por dónde se llega a ese lugar. Al hueco de la infamia, a los edificios del olvido, a los rieles del vicio y la indignidad humana que atraca a propios y visitantes. 

Qué tal el paso de babosa que lleva el contratista encargado del puente peatonal del parque recreacional de Comfenalco. No veo otra alternativa en esta Semana Santa que encomendar a Dios la suerte del Quindío. Pedirle al Señor crucificado que ruegue por nosotros los ingenuos. 

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