Jueves, 15 Nov,2018

Opinión / JUL 10 2018

A trabajar la cultura

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

El legado colonial de los españoles se extendió por todo el país y los pueblos, en efecto la cultura colombiana es una mezcla de costumbres y tradiciones que se ven reflejadas a través de la música, el arte, la literatura, la relación con la naturaleza y los semejantes; más allá de su complejidad es esta, la que define de dónde somos y para dónde vamos. 

Es la cultura la que nos hace comunidad, nos enseña cómo abordar al otro, como dejar a un lado el insulto, el egoísmo, la mediocridad, y la ambición. Aunque en algunos casos sea difícil reconocerlo, la cultura es el eje transversal de la transformación de la sociedad, la columna vertebral de la memoria del país y la esencia pura de su gente. Así pues, su importancia en el desarrollo de las regiones y las colectividades. La cultura tiene un impacto directo en nuestras vidas, nuestros sueños, libertades frustraciones y ambiciones, es la que posibilita las condiciones que permiten a cada ser humano desarrollarse en la sociedad. En consecuencia aspectos como el intercambio participativo, la conducta responsable, la motivación, las gestiones dinámicas, las iniciativas emprendedoras, la innovación, la voluntad de correr riesgos, entre otros pueden significar puntos relevantes de trabajar, ya que son estos los determinantes cruciales del desarrollo conjunto. Es curioso que nunca se le dé un lugar a la cultura, más cuando de las voces influyentes, discordantes y penetrantes nacen las grandes ideas.

Es importante empezar a cultivar lo mejor de cada región, sin dejar que estas pierdan influencia e identidad. La interactividad cultural, es un factor positivo y constructivo para el desarrollo, pero ello implica instrumentar políticas y no dejar esto meramente a la creencia general, hay que trabajar duro, hay que imbuir esperanza, debemos enriquecer las vidas humanas con el pasado y el presente. No podemos dejar a estas generaciones sucumbidas en la nada, en pretensiones banales que solo llegan a aspirar el celular con más tecnología, el último modelo de carro, y la ropa de moda. Los gobiernos, las instituciones y las personas en general tenemos el compromiso moral de no olvidar a quienes posibilitaron esta realidad, no se pueden arrinconar los principios, debemos regresar a lo que nos es propio. El día a día no puede seguir tambaleando ante la insuficiencia de valores de una Colombia perdida y sin identidad.

Las dificultades que atraviesa la cultura se palpan en la deshumanización, la falta de pertenencia, el desinterés, el egoísmo, la corrupción, la inequidad, y, este panorama no tendrá vuelta atrás, sino empezamos a mirar nuestras raíces, a fortalecer ese quiénes somos. Solo así podremos determinar a dónde queremos llegar y cómo vamos hacerlo. ¡La clave es llegar al pueblo con memorias, humildad, aprendizaje, rectitud y amor!

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