Viernes, 21 Sep,2018

Opinión / AGO 14 2018

Agua potable, asunto de alta complejidad

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El pasado viernes 10 de agosto, el gerente de las Empresas Públicas de Armenia, EPA, expresó por este medio de comunicación que “el agua que llega desde la cuenca del río Quindío, que está siendo consumida por los residentes, no tiene contaminantes”. El funcionario argumentó lo dicho con base al cumplimiento legal de parámetros bacteriológicos y de metales pesados para el agua destinada al consumo humano. Soportados también en material científico, representantes de la sociedad civil, como el biólogo Luis Carlos Serna Giraldo, así como el Observatorio Ambiental del Quindío, han puesto en duda el cumplimiento de estos parámetros. Lo que está en juego en esta controversia de ciencias y política es la salud pública no solo de los armenios, sino también de los quindianos. Al parecer, la problemática de la calidad del agua potable es más compleja de lo se supone y requiere un serio y urgente trabajo interdisciplinario. 

En efecto, hasta el momento no se ha discutido sobre la residualidad de pesticidas orgánicos de síntesis presente en el agua que cotidianamente consumimos los quindianos. En este caso, el término ‘residuo’ señala todo depósito de pesticidas que permanecen en los organismos vivos, los alimentos o los ecosistemas, incluso después de efectos conjugados de degradación de estos tóxicos. Es ampliamente reconocido que la salud pública depende cada vez más del tipo de prácticas puestas en obra en la producción agrícola. En tal sentido, la ‘eficacia’ del uso de agrotóxicos se acompaña de consecuencias graves no intencionales. Por ejemplo, por efecto de las lluvias que lavan —y se filtran en— los suelos, los pesticidas contaminan fuentes hídricas: quebradas, ríos, lagos y capas freáticas. Este fenómeno de contaminación ha sido estudiado por el grupo de investigación Pesticidas y Salud de la universidad del Quindío. 

A través de la técnica de análisis de cronomatografía de gases, este grupo de investigación ha encontrado una alarmante residualidad de pesticidas orgánicos de síntesis en diferentes ríos del Quindío que abastecen de agua a diversos municipios, incluyendo a Armenia. Por ejemplo, en la quebrada Santodomingo (Londoño et al. 2004), los resultados de análisis revelaron la presencia de DDT, heptacloro, endosulfan, aldrina, gamma-hexaclorocilohexano y delta-hexaclorocilohexano, en concentraciones muy por encima de los límites máximos aceptables. Resultados análogos se encontraron en el rio Quindío (Londoño et al. 2007). Se trata de sustancias prohibidas a nivel internacional por las convenciones de Rotterdam y de Estocolmo debido a su alta toxicidad y persistencia en los ecosistemas, además porque son sustancias perturbadoras de sistema endocrino, neurodegenerativas, cancerígenas y mutagénicas. En el río El Roble encontraron de nuevo la presencia de endosulfan (Londoño et al. 2001), este es el insecticida más utilizado en el cultivo de café a pesar de su prohibición nacional e internacional.

De este modo, garantizar la calidad del agua para consumo humano exige la vigilancia continua de la residualidad de pesticidas, y esto es algo que no se está haciendo en el Quindío; por tanto, estamos bajo una seria amenaza sanitaria. En este contexto de contaminación, es urgente y necesaria una deliberación pública sobre este particular, además del diseño y ejecución de políticas que favorezcan las prácticas agroecológicas. 

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