Martes, 16 Jul,2019
Opinión / ENE 03 2019

¡Al rescate de la moral!

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Dentro de la cultura occidental: “¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!”, es un cliché que pretende expresar en cábalas la felicidad y el éxito para las personas. Sin embargo, estar eufórico es inherente a cada individuo, la Navidad llega dependiendo de las circunstancias, algunas veces, bullicio y consumo navideño ahuyentan a muchos. La prosperidad del nuevo año reside fundamentalmente en los proyectos de cada quien, y no en las venturas que nos depara un futuro incierto que otros nos auguran como certezas.

Si pretendemos tener un año optimista, así como aquel hombre que emprende un viaje y debe elegir el mejor vehículo, también nosotros, para transitar el año que viene, deberíamos elegir la nave adecuada para ese periplo. El piloto de esta máquina estaría dotado de herramientas apropiadas e idóneos mapas de navegación para salvar los obstáculos que ofrece el camino. 

El instrumento principal requerido por un piloto experimentado sería su capacidad de superación moral, que le permitiría discernir los momentos difíciles en la travesía; capacidad que debió adquirir a través de los mapas de navegación que le pudo haber brindado la lectura de libros; así como lo expresa Bruno Bettelheim que la lectura de cuentos tradicionales contribuye a la formación moral de los jóvenes, porque los relatos plantean problemas semejantes a los de la vida real y entre distintas soluciones posibles presentan lo que es “tangiblemente correcto”, permitiendo que el lector adopte la que a todas luces resulta más deseable (El Espectador, diciembre 2018). 

Sabemos que la moral o nuestra capacidad de discernir están siendo cooptadas por institucionalidades, como religiones y medios masivos de información, que se abrogan el derecho de imponer qué es bueno y qué es malo colocando en minoría de edad a los ciudadanos. Y la lectura de libros, que ha sido conducida hacia un mero pasatiempo para los pocos momentos de ocio gracias a la industria del entretenimiento 

Una acertada elección para iniciar el año sería escapar de esa tradición que más que cultural ha mutado a un acelerado consumo industrializado que nos tiene a punto de quemarnos vivos en un infierno terrenal. Podríamos comenzar llevando con nosotros, como compañeros de viaje, unos buenos textos que al abrirlos nos despierten la inquietud de retomar la capacidad de discernir, que es lo que diferencia al humano de los otros seres vivos. 


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