Miércoles, 21 Nov,2018

Opinión / DIC 05 2017

Alianzas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No hay otra alternativa, es la hora de la generosidad.

Ningún instrumento más trillado en la vida de interrelación entre los seres humanos que las alianzas, las económicas, las sociales, las deportivas, las religiosas y sobre todo la políticas… tan complicadas, tan inciertas, pero tan necesarias cuando de superar debilidades se trata, cuan se  pretende alcanzar objetivos que desbordan la capacidad de los individuos o las organizaciones.

De no haber sido por los Aliados, otra hubiera sido la suerte de Europa con Hitler y su maquinaria bélica; también sin el pacto entre  Francia y Alemania en la posguerra, no existiría la Unión Europea que conocemos hoy. Unas veces por amistad, otras por lealtad y casi siempre por necesidad, las alianzas logran muchas veces restablecer equilibrios rotos o superar desigualdades manifiestas.

En el departamento del Quindío son evidentes las diferencias entre los dirigentes de  movimientos tradicionales que han detentado el poder político los últimos años, fortalecidos por la burocracia y el poder económico exorbitante de los contratos con los que financian sus elecciones,  y los demás movimientos,  ajenos al poder, que deben subsistir  con la cuotas de sacrificio de  sus dirigentes y simpatizantes, pocas veces  con el apoyo lánguido de algunos empresarios privados que entienden la importancia de fortalecer alternativas políticas que refresquen el ambiente político de la región.
A los dueños del poder, beneficiarios de las franquicias  que dan caprichosamente los partidos políticos en Bogotá a personas particulares, las divisiones y subdivisiones, disputas y diferencias de movimientos, partidos y partiditos del archipiélago político del departamento, les producen una inmensa tranquilidad de saberlos tan divididos por sus  propias contradicciones, casi siempre superficiales, insustanciales, que terminan por

convertirlos en agrupaciones  inofensivas, aisladas y alejadas de una verdadera vocación de poder.
De tal suerte que, en  las circunstancias actuales, ante el desprestigio de esos partidos tradicionales que han demostrado que, evidentemente,  fracasaron en la implementación  de las soluciones a los acuciantes problemas  del Quindío, es la hora de hacer uso de las alianzas entre todo ese amplio sector de organizaciones políticas y sociales  inconformes con la vieja política que maneja hace tanto tiempo los destinos del departamento. Se requiere de una alianza vigorosa que agrupe a  esas mayorías, si es que se quiere acceder de verdad al poder y no solo seguir dejando constancias históricas de las que está tan saturado el departamento. 

No se trata que esas organizaciones pierdan su identidad, se trata de lograr que, desde la diversidad, logremos hacer un frente común que las vuelva una alternativa real de gobierno, una respuesta coherente a la aspiración de las mayorías de los quindianos que esperan hace rato una opción política unificada y no esa proliferación de listas sin posibilidades reales de triunfo en  las elecciones. Seguramente habrán diferencias entre unas y otras pero no tan significativas como las que se tienen con los dirigentes tradicionales que privatizaron la política y la administración pública.  

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