Sabado, 17 Nov,2018

Opinión / MAY 27 2018

Ambiciones desmedidas

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Si la pregunta vital es ¿cómo hacerlo? queda la cuestión referida a la ética del deber que tiene fundamento en la pregunta ¿debo hacerlo? En tiempos modernos la premisa básica está contenida en la afirmación: “la actividad incesante es lo que prueba a un hombre”, y todo ello en relación con aspiraciones universalmente modernas: dinero, poder, sexo, rapidez. 

Aprende el individuo que son aspiraciones insaciables, para lo cual, si precisa de ellas, tendrá que someterse a ingentes esfuerzos o entablar alianzas con fuerzas que desbordan su capacidad y se salen de control. El afán de riqueza o un éxito obsesivo, por lo regular deja huella de injusticia, mentira y abuso. Una ambición sin límites supone destrucción y tragedia allí donde el dinero es “una extensión del hombre, como su poder sobre los hombres y las circunstancias”. Terrible y malicioso es el dinero, sobre todo, cuando la forma en que se amasa no repara en las consecuencias; confiérase la industria de armas, de una empresa legal que es boyante en la finalidad de ocasionar la muerte. El dinero es un poder que está por encima del hombre, y es el mayor valor en una sociedad de mercancías en la que todo tiene precio. 

Se piensa que si las cosas están al alcance del individuo, si no lo superan en recursos para proveérselas, entonces vale la pena el esfuerzo. De lo contrario, mal haría alguien en empeñar su vida en una fuerza superior que terminará por arrasarlo. En esto ha consistido el mito de Fausto. El hombre que hizo un pacto con el diablo con tal de alcanzar y realizar sus anhelos. El diablo es Mefisto, la encarnación del mal, la ceguera y la oscuridad.

Se entrega a él, en cuerpo y alma, y a sus designios, que son los propios deseos de Fausto. “…ante los ávidos labios de su insaciabilidad; en vano implorará satisfacción, y aunque no se hubiera entregado al diablo, habría, de todos modos, de irse a los profundos”. Porque a fin de cuentas “no dejarás de ser siempre lo que eres”, un hombre entregado a la ambición sin que haya poder humano o natural capaz de poner cortapisas.

“Le vendió el alma al diablo”, expresión del mito de Fausto para señalar la moderna conciencia de sí mismo, en cuanto a perspectiva histórica, moral, inteligencia política, sensibilidad y sicología. El caso es que si el individuo hace cualquier cosa para conseguir sus propósitos, queda el interrogante de hasta qué punto ha rebasado los límites de la ética. Se observa en la conciencia política del momento, de hombres y mujeres capaces de llevarse en los cachos lo que sea con tal de saciar sus aspiraciones de poder, dinero, prestigio, éxito. Solo que cogidos en la trampa, son tan frágiles y miserables, que dan pesar.

NOTICIAS RELACIONADAS


COMENTA ESTE ARTÍCULO

En cronicadelquindio.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces, si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador.

logo-copy-cronica
© todos los derechos reservados
Powered by: rhiss.net