Jueves, 19 Sep,2019
Opinión / DIC 31 2018

¿Año Nuevo?

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

No hay nada qué hacer, todo lo tenemos dividido, clasificado, medido, porcionado, de no ser así viviríamos en medio del caos total, en esta confusa torre de Babel en que hemos convertido el mundo. Existen los gramos y los miligramos, los metros, y los kilómetros, los grados de acidez o de alcalinidad, los veranos y los inviernos, los días y las noches, también los años con que medimos el tiempo y, a propósito, estamos terminando hoy uno de los más controvertidos para el Quindío.

Estas divisiones convencionales —en que también hemos segmentado el tiempo— nos permiten generar la ilusión de separar en compartimentos, por ejemplo, el pasado y el futuro, como cosas completamente independientes que casi se puedan partir como un pastel con el filo de un cuchillo.

Cómo clasificamos lo que nos pasó en el 2018 y lo que esperamos nos traiga el nuevo año. ¿La desazón y la esperanza? ¿La corrupción y la decencia? ¿La escoria que pasó y el oro que esperamos? Muchas veces a estas divisiones convencionales del tiempo terminamos por atribuirles, por si solas el poder terapéutico de sanar nuestros traumatismos sociales, supuestos conjuros de la ilusión resumidos en la divisa de ¡Año Nuevo, vida nueva! Seguramente son relatos que nos vamos contando a nosotros mismos, y que variamos cada día y cada año para irlos adaptando a nuestras necesidades. Imaginaciones con las que vamos cosiendo los agujeros del pasado, bordándolos con bonitas flores que nos permitan mirar atrás sin turbaciones ni remordimientos.

También el lenguaje lo hemos segmentado en palabras, frases, expresiones, giros; pero a diferencia de lo que sucede con las unidades de medida sobre las que no hay discusión sobre su precisión, las palabras que se lanzan en la vida colectiva pueden ser confusas y ambivalentes, tendenciosas o ambiguas, sobre todo cuando se convierten en munición de fanáticos e intolerantes que hacen parte de uno y otro de los bandos en que hemos clasificado la polarización política colombiana.

Bien valdría la pena que en este nuevo año, de la mano de la taxonomía regional, delimitáramos muy bien el qué es lo que nos pasa en Armenia y el Quindío en lo institucional, para poder determinar el cómo afrontar los desafíos, que nos permita acabar con la historia ignominiosa de quienes desde el poder pretenden continuar usufructuando el Quindío como su coto de caza. Aquí no ha cambiado para nada la clasificación de los que nos gobiernan, otra vez ‘el viejo Quindío’ de la corrupción tratando de fungir de nuevo por el prurito del cambio de personas en las sillas oficiales, pero no de las costumbres políticas.

Feliz año para los guerreros que creen, como nosotros, que en el 2019 podemos relevar a quienes malgobiernan al Quindío.


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