Miércoles, 20 Mar,2019
Opinión / DIC 31 2018

Año Nuevo...

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal, no compromete la línea editorial ni periodística de LA CRÓNICA S. A. S.

Llega el fin de año y gracias al calendario gregoriano empezamos un año nuevo, en muchas partes del mundo no es en enero sino en febrero, junio u otro mes, y también nos dicen cuáles son los territorios que primero reciben el año. Con la ciencia o la creencia lo cierto es que termina una anualidad y comienza otra. Todos tienen la creencia que el nuevo año será mejor, es por ello que se celebra su advenimiento con festividad el primer día de enero.

Es el momento de las evaluaciones y los propósitos. De la nostalgia y la esperanza. De los recuerdos malos y buenos y la necesidad de proyectar acciones positivas y propositivas. De mirar los gobiernos y sus errores para invitarlos a corregirlos por el bienestar de la sociedad donde actúan. Los gobiernos nacional y los locales así como las instancias intermedias tienen un solo año para iniciar unos sus programas y otros para cerrar con lo propuesto hace tres años.

La evaluación no puede ser más agridulce, se inició, el año que termina, con una expectativa de paz, y termina con una profunda crisis sobre su futuro, aunque es terca la realidad en presentar la diferencia del número de víctimas y los actos de violencia entre hace cuatro años y hoy. Aparecen nuevos actores que copan las posiciones de los anteriores pero ello ya es por falta de acción del Estado y no por el proceso mismo. 

La economía según sus indicadores no presenta signos de reactivación y el empleo no pasa por uno de sus mejores momentos. Los sectores gremiales no están de celebración y terminamos con una ley de financiamiento que asusta y augura una mayor carga para la clase media colombiana.

En lo departamental no arranca el territorio, los indicadores de empleo son lamentables, el sector agrario no despega, el café ya suena a reminiscencia y solo a condena, las vías están en lamentable estado, solo seguimos con el motor de la industria turística y con la siembra en los procesos de innovación.

En lo que tiene que ver con la ciudad, solo nos queda el recuerdo de un panorama de vergüenza, de olor a corrupción y de desprestigio a nivel nacional. La percepción de una justicia que anuncia pero no sanciona, de que aquellos que cometen hechos ilícitos no reciben el peso de la sanción penal ni social. Muchos alcaldes en un año. Esperemos que el año por venir nos depare algo diferente que mejore las condiciones de todos y volvamos por el sendero de los valores y principios ciudadanos.

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