Martes, 20 Ago,2019
Opinión / NOV 11 2018

Aprendizaje por el lenguaje

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Todo aprendizaje tiene fundamento en la comunicación; gestos, miradas, imágenes, modas, rituales, hábitos y el lenguaje, que es el modo de expresión privilegiado de seres vivos que se hacen a un perfil de lo que significa la conducta humana en términos de convivencia y solidaridad. 

El lenguaje es “el signo principal y con mayor valor funcional como mediador de la cultura”. En él se haya el recurso por excelencia y el instrumento supremo de toda comunicación relacionada con el mundo y con toda acción consciente e intencional. Conjugar herramienta y palabra es parte de la capacidad creativa de lo humano. Toda práctica, actividad, quehacer o acción, pasa forzosamente por el uso de signos. Es el caso del perro que al ver la correa en manos del amo se comporta como si supiera que va de paseo; también por el sonido de la palabra “paseo”, que es un indicador de que este tipo de contexto ha llegado. Sabe identificar un “marcador de contexto”, sea en la vivacidad de los movimientos del amo, en la correa o el sonido de la palabra (es un juego de signos que involucra a seres vivos). Porque el hombre siempre está en perpetuo contacto con otros seres con los que establece algún tipo de vínculo y comunicación. Y es tan decisivo en lo referido con los signos lingüísticos, que individuos separados de la práctica verbal por mucho tiempo vuelven a la comunicación por sonidos guturales, aullidos o lenguaje corporal de cuando el hombre era todavía un homínido. El lenguaje es pues parte constituyente de toda actividad práctica-instrumental e interactiva en razón a que el hombre es un ser social que necesita y demanda la cooperación de sus semejantes.

Ejercitar en el uso lenguaje es tarea de todos los días que de hacerse con mayor énfasis desde la tierna infancia. El diálogo, la discusión, la lectura, el razonamiento, el uso de la lógica, la enseñanza de las ciencias, el análisis de cuentos, la recreación de anécdotas, la mención de situaciones o eventos, el ejercicio de la memoria, de todo lo que suponga y requiera el recurso de los signos, pues es abrirse a un territorio compartido y al entendimiento consensuado si se trata de generar interacciones humanas con una finalidad y en reciprocidad de intereses. Como diría Austin, es “aprender a hacer cosas con palabras”. Una acción pedagógica destinada a descubrir y potenciar los mecanismos psicológicos de la creatividad humana que está relacionada con la naturaleza y la función de los signos. El mundo de la cultura demanda intrincados y complejos procesos de pensamiento, por eso la inteligencia respecto al uso de los signos ha de contribuir a formas más elaboradas y sofisticadas de aprendizaje.


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