Martes, 15 Oct,2019
Opinión / SEP 19 2019

Armenios por convicción

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Hace un par de años tomé la decisión de emigrar con mi familia a esta ciudad. Estábamos hartos de vivir en una gran urbe, donde la calidad de vida nos fue desgastando. Al llegar a Armenia, encontramos mucho más de lo que habíamos imaginado: personas maravillosas, parajes idílicos, poblaciones cercanas de colorida arquitectura, actividades culturales, excelentes instituciones educativas, pocas pero buenas librerías, cafés especiales, vegetación de ensueño, el canto de las aves, una variedad gastronómica irresistible y todo aquello que convierte a nuestra región en un paraíso. 

Con el paso de los días, he ido conociendo gentes de diferente ocupación y procedencia: profesores, músicos, veteranos, historiadores, jubilados, activistas y escritores. Como también amables personas en tiendas, restaurantes y muchos otros lugares. Aquí he encontrado viejos amigos y conocido algunos que han ido haciéndose a un lugar en el alma.

Me agrada vivir en una pequeña ciudad que —con inmensos desafíos— muchos desearían habitar. Pero si bien hemos sido recibidos con generosidad, sacando provecho a un territorio que nos ha ofrecido su magia: ¿Qué le estamos retornando a Armenia? Algunos dirán que para ser buen ciudadano basta con cumplir las obligaciones tributarias. La verdad, eso no es suficiente. Podríamos empezar por dar las gracias al recibir un servicio, ofrecer el paso al peatón en una cebra, respetar las señales de tránsito, moderar la velocidad, reciclar las basuras, contener la ira frente a eventos pasajeros y evitar los aires de superioridad. 

Si tenemos una mascota usar la correa y recoger sus residuos sin dejar incómodos ‘regalos’ a transeúntes y vecinos. Quienes emplean sus vehículos para ir al colegio por sus hijos o se detienen en restaurantes y cafés, pueden ayudar a evitar el caos que ocasiona un mal parqueo. Si contamos con alguien que colabore en el aseo del hogar, pagarle lo justo además de responder por su seguridad social y prestaciones. Pero también apoyar obras sociales que trabajen por causas nobles y requieren de ayuda en su sostenimiento. Todo eso y mucho más nos hará mejores personas, verdaderos ciudadanos de bien, armenios por convicción. 

Pero quizás hay algo más en lo cual muchos pueden aportar. A la región han llegado a vivir personas que por sus particularidades, podrían donar su tiempo a instituciones educativas y comunidades. Los hay profesionales expertos en algunas disciplinas, docentes, científicos, intelectuales, técnicos o ciudadanos con vivencias peculiares que pese a sus ocupaciones, les sería posible disponer al servicio de otros sus saberes y experiencia. Con ellos podría constituirse una especie de banco de tiempo, liderado por una entidad seria como la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío.

A esta tierra que nos acogió tenemos mucho por ofrecerle. Por ahora procuremos convertirnos en ciudadanos más comprometidos, responsables, cívicos, activos y especialmente agradecidos… con una ciudad que es de todos. 

* Exasesor Oficina del Alto Comisionado para la Paz


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